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miércoles, 4 de agosto de 2010

El conde de Blangis es evidentemente Jesucristo

"No hay espectáculo tan dulce como la agonía de un cura"

Maurice de Guérin: L'affaire de "L'Âge dòr" (1931)

sábado, 12 de enero de 2008

La zona

Suena tan demodé que no podemos sino reconocerlo con alegría: la redacción de Mondo Cane al completo se declara fans incondicional de la Navidad. Y es que nunca entenderemos esta oleada (tan posmoderna, por otra parte) de buscar componentes agónicos a algo tan grato como pasarse quince días privando y comiendo cual helagábalos. Gratos días, en efecto, que han resultado exquisitos gracias a la ingesta masiva de chuletas, vinachos y películas de Tarkovsky. Porque es a lo que nos hemos dedicado compulsivamente en tan entrañables fechas.

No vamos a cantarles las excelencias de nuestro más idolatrado realizador (con permiso de Umberto Lenzi, por supuesto), que bien sabemos que a Vds., queridos lectores, nuestras majaradas culturetas les importan más bien poco. Resistiremos virilmente la tentación, pero este navideño redescubrimiento de la apabullante obra tarkovskiana ha resultado aún más ascético y, por ende, revelador, de lo que nunca hubiera podido imaginar ninguno de estos tristes redactores a los que tan pacientemente soportan.

Les comentaremos, simplemente, que en estas arrebatadoras horas que hemos dedicado al genio caucásico no hemos podido sino recordar aquella ocasión en que por primera vez tuvimos oportunidad de ver una de sus películas. Fue, cómo no, en un semidesierto Teatro Principal: tras una absurda jornada laboral, optamos no por irnos a tomar unas cañas, como habitual, sino por intentar un leve y voluntarioso acercamiento a ese señor de quien tantas estupideces habíamos escuchado y que imaginábamos se iba a saldar con diez minutos de visionado y una salida extemporánea de la sala de cine echando todo tipo de improperios sobre los adalides de la modernez más vacua (valga la redundancia).
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Pero qué equivocados estábamos y cuanto daño pueden llegar a hacer en raras ocasiones los prejuicios, amigos lectores. Cuando se inició la proyección de Solaris con esa arrebatadora secuencia de unos hierbajos que se mecían bajo la corriente de un río durante diez minutos completos, fuimos rápidamente absorbidos por las redes del planeta Solaris, conmovidos ante las dudas vitales de Berton sobre su elección entre la vida real o el mundo de ilusión que le ofrece el magma solaresco. En efecto, aquella tarde / noche caímos de rodillas iluminados por Tarkovsky y antes de darnos cuenta ya nos habíamos devorado no sólo por supuesto la gloriosa novela de Stanislaw Lem, sino hasta el Martyrolog, ese brillante diario íntimo de título inigualable que Tarkovsky llevó adelante hasta el mismo día de su muerte. Inmersos ya en plena fase de locura, llegamos a viajar a París en memorable ocasión para buscar la tumba del director. No fue fácil localizarla, pero tras muchas pesquisas unas palabras cruzadas en el Mercado de las Pulgas con un descendiente de rusos blancos emigrados en el 17 nos pusieron sobre la pista de Sainte-Geneviève des Bois, una fascinante banlieu al sur de la cité con un desolado Cementerio Ruso en el que, por fin, la encontramos. Evidentemente, no nos decepcionó, y es que bajo la cruz eslava que la ancla al suelo nos topamos con una lápida de inscripción deslumbrante: Al hombre que vio al Ángel.

Mutados a estas alturas ya por completo en stalkers, les dejamos con la secuencia final de Solaris, intentando introducir un poco de color y sensatez a esta cosa que titulamos Mondo Cane. Si sobreviven a la experiencia, más pronto que tarde les contamos sobre el regreso a nuestra entrañable calle del Amparo, que se ha saldado incluso con una sorpresa aún mayor de lo que nunca hubiéramos esperado, y esto, dicho en Lavapiés, no es poco: un intento de asesinato en la puerta de la redacción que casi casi presenciamos en directo. Todo un arranque enérgico para este 2008 que parece se está convirtiendo en un clásico inevitable de nuestras estadías madrileñas, pues el amigo Calcapeitos nos recordaba esta mañana que lo mismo sucedió cuando llegamos tantos años ha a la capital y, asentada nuestra redacción en Tirso de Molina, nuestro vecino del 2ºA fue torturado y acribillado a balazos por una turbia mafia del Este. Y eso era cuando todavía ni había mafias del Este en España. Para que luego nos venga con milongas el Cronenberg éste...

domingo, 30 de septiembre de 2007

Arrebato

Posa en la imagen nuestro colaborador, Doctor Calcapeitos, con el aspecto que mostraba a la salida de la sesión festivaleira del Kursaal a la que hemos acudido esta misma noche. La fotografía ilustra certeramente la dureza de estos diez días en los que resistir atrincherados en la oscura sala de cine a los cantos de sirena que desde nuestra porqueriza efectuaban las galas de Gran hermano, el partido del jueves del Madrid o, mismamente, esa caja de ocho CDs con las sesiones de grabación completas de Their satanic majesties request que algún alma caritativa nos ha hecho llegar, ha sido un acto que podríamos calificar, sin duda alguna, de hercúleo.
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Toda la Donostia cool se halla sumida en estos momentos no en la elaboración pero sí en la exposición y puesta en común de un meditado balance de lo ofrecido en este año por el Festival. La justicia con la que ha sido galardonada la película de chinorris. Ese apasionante debate cinéma de qualité vs. glamour convertido ya en un clásico del donostiarrismo más extremo. Ayer, hasta una señora nos hablaba de la manipulación que efectúan los medios informativos con el Festival y por ende con todo nuestro oprimido pueblo, porque siempre dicen que llueve y eso es una falacia, una auténtica menzogna, que diría el simpar Silvio Berlusconi. Nosotros le dimos la razón, claro, porque este año sólo ha jarreado siete de los diez días de Festival. Y a Mondo cane le gustaría aportar algo a todas estas variopintas cuestiones, pero es que francamente sólo se nos ocurre decir una cosa: que nosotros nos hemos aburrido como moluscos.
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Algo de ello les contábamos hace unos días, cuando hacíamos nuestro balance ecuatorial del evento. Y pese a las pésimas expectativas del Licenciado Ventoleras, hemos de reconocer que estos últimos días la cosa ha mejorado un poquito, aunque sólo un poquito, y a ratos hasta hemos llegado a ver cine fulminante. Porque sí, estimados lectores, nosotros también hemos caído fascinados ante el yugo de Philippe Garrel. Sólo a ratos, también es verdad, porque es lo que tienen estos films-fleuve: que en una única sesión tienes tiempo de echar una siestecita y de despertarte poco después para descubrir momentos de un arrebato extremo. Para el recuerdo de esta redacción queda ya la proyección de Le vent de la nuit, una cinta tocada por una inusual magia que ha provocado una fascinación incontrolable entre todos los miembros de Mondo cane. En efecto, una de estas extrañísimas cintas que sólo consiguen ser lo que son gracias a un metraje a la deriva, divagante y errático, que termina aportando a la res un algo intangible que no recordábamos desde que asistimos apabullados a una proyección de Solaris en un vacío teatro Principal hace ya tantos años.
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No vamos a aburrirles hablándoles sobre una cinta preñada de relaciones interclasistas, desesperaciones existenciales, pérdidas irreversibles y un fatalismo que nos abrumó en esas arrebatadoras secuencias en la que sus dos protagonistas rodean Nápoles en coche antes de llegar a la entrada a una cripta desde la que resuenan voces inquietantes. Y en la que, además, nos encontramos por sorpresa con la deslumbrante presencia de Anita Blonde. En efecto, amigos nuestros, Mondo cane ha conseguido encontrar una gran película en este Festival que tan poquito nos ha ofrecido.
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Porque por lo demás... Nos quedamos con alguna secuencia escultórica de Les amants réguliers, con fugaces momentos del fantasmagórico blanco y negro de Control, la biografía del cantante de Joy Division. Fíjense: incluso con la secuencia final de El año de todos los demonios, el documental sobre el asesinato de Pertur que con tanta ilusión esperábamos. A estas alturas seguimos asombrados ante la paradoja de que un antiguo miembro de ETA dirija una cinta para exculpar a ETA de un asesinato que ETA, por otra parte, nunca ha negado, pero su teoría de la infiltración de los hiperactivos neofascistas italianos en la España del 76 nos resultaba irresistible. Nos lo resultó, eso sí, por poco tiempo, porque nada llega allí a buen puerto en un metraje ahogado por la ausencia de soltura, la carencia de ritmo y sobre todo la pasmosa falta de datos o declaraciones que demostraran algo, cualquier cosa, lo que sea, pero fíjense que ahí, escondido entre sus últimos segundos de metraje, aparecía un momento arrebatador en el que un antiguo etarra hablaba abiertamente de su responsabilidad en la que nos ha llovido después que, por pura honestidad y lucidez, nos dejó completamente desarmados.
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Y del resto... pues qué les vamos a contar: viendo que las mesas de billar francés se han llevado no uno sino dos premios gordos, no es necesario señalar nuestro balance de la sección oficial. Seguiremos, y parece que por mucho tiempo, lamentando que el Festival siga apoyando sus descacharradas patas en un cine de realismo social sudamericano que sigue sin importarnos un bledo, en unos ciclos que de tan previsibles resultan rutinarios, y sobre todo en este aspecto Donosti-design-yonqui-chic que todo lo inunda y que parece obra de algún tan desatado como maléfico diseñador catalán, joven y con Campers. Y Mondo cane se encuentra cada vez más alejado de la posibilidad de encontrar un huequecito en estos terrenos que tan ajenos nos resultan.
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Por lo que nuestro recuerdo de esta edición, como ya hemos contado por alguna parte, va a ser el que nos deja el día en el que acudimos a ver la llegada de Lou Reed al hotel festivalero. No fue masiva, como nos temíamos: junto a nosotros figuraba una alegre comitiva compuesta por dos viehas, un niño con síndrome de Down, dos bizarros e impenitentes cazautógrafos que superaban los cuarenta y algún despistado fotógrafo. Lou Reed llegó, se acercó con su eterno rostro de disgusto a la marabunta y dejó un par de autógrafos en los primeros cuadernos que encontró a su paso. Y cuando el rock'n'roll animal se puso en camino hacia su suite, las dos viellas, con la tinta todavía fresca en sus cuadernos, se dieron la vuelta para preguntarnos: "Oye, guapos, ¿y ese señor tan feo quién es?".

sábado, 22 de septiembre de 2007

Ja sóc aquí

Corría la sesión de tarde-noche de ayer en los muy feos cines del Antiguo. Se proyectaba allí Ladrones, una película española muy rara, como de Bresson en una noche de flojera tirando fotos en Aluche, que la redacción de Mondo Cane intentaba rescatar tras su tristísimo paso por cartelera hace unos meses. Hasta que nuestra concentración se interrumpió bruscamente cuando el Licenciado Ventoleras hizo escapar un fugaz ronquido, leve pero muy audible en la sala porque Ladrones, como buen ejemplo de esa popular corriente estilística de cinema avant les fréres Lumière, es prácticamente muda.
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Dormirse en una sesión festivalera es todo un rito iniciático, un acontecimiento que equivale a alcanzar la mayoría de edad en estos infernales diez días en los que, con tanta pasión como desidia, nos dedicamos a subsistir encajonados en una sala de cine. Por lo que sí, en efecto, Mondo Cane puede expresar a los cuatro vientos su vascongado Ja sóc aquí. Ya hemos llegado y ya estamos inmersos en pleno rito festivalero.

No les vamos a contar nuestra opinión sobre el Festival porque suponemos que no interesa a nadie y, total, a estas alturas hasta el donostiarra más iletrado puede dar la suya con soltura y desparpajo. Y es que es curioso este efecto sociological phoenomenum que tienen los charoles cinematográficos en una ciudad en la que, el resto del año, no va ni Cristo a las salas. Sólo les contaremos, así por encima, que en nuestra cruenta batalla contra Philippe Garrel vamos perdiendo por goleada, aunque confiamos en levantar el marcador en la proyección de esta tarde de Berceau de cristal, esa cinta hecha por y para yonkis que, por aquello de que sale nuestro sex symbol de cabecera Anita Pallenberg y de que, en el fondo, a veces sacamos a relucir esa querencia nuestra por el romanticismo más exacerbado, quizás nos permita anotar un tanto en nuestro triste marcador. ¿Nos ha pillado Garrel en extremada baja forma o es que, realmente, tiene una filmografía galáctica absolutamente imbatible? Pues no hemos llegado todavía a una conclusión, la verdad, pero posiblemente nuestros estimados lectores a los que tanto debemos pueden elaborar por sí mismos un juicio más consistente que el nuestro disfrutando en la soledad de sus casas de estas imágenes que vimos el otro día en una oscura (y abarrotada en sus diez primeros minutos, por cierto) sala.

Comprobamos estos días, también, la evidente mejoría en la producción de cine patrio. Hemos visto Mataharis, esa película de infame título de nuestra amparesca vecina Icíar Bollaín, y para nuestra maravilla hemos conseguido entender casi la mitad de diálogos de la inmarcesible Najwa Nimri sin tener que recurrir a los subtítulos en inglés que circulaban por la parte inferior de la pantalla. Entre este dato y el del abrigo fantasía rosa fucsia chillón que portaba hace dos días Cayetana Guillén Cuervo pese a los casi treinta y cinco grados a la sombra que con tanta dificultad se respiraban en los aledaños del Kursaal en esos momentos, queda patente que el despegue de nuestra cinematografía es un hecho constatable.

Aunque lo que más no ha impactado hasta el momento son esos carteles que empapelan cualquier rincón de nuestra ciudad anunciando la próxima convocatoria en Alsasua de una concentración de las juventudes del marxismo-leninismo vasco. No por la convocatoria en sí, que sorprender sorprende poco, sino porque los susodichos teaser-posters están troquelados, atención, sobre las siluetas oscurecidas de una foto promocional del grupo Queen. ¿Freddie Mercury y la revolución proletaria? En efecto, todo es posible para la indomable juventud vascongada, siempre aurrera. Hemos fotografiado incluso este magnífico pasquín para dejar testimonio a las generaciones venideras, pero como nuestro colaborador Sr. Pirracas no sabe cómo carajo pasar la imagen de su móvil de última generación a este vetusto ordenador, hemos decidido mostrarles aquí la imagen de un pollo con eusko-label de inequívoco color local. Básicamente, para que se hagan Vds. una idea.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Maoísmo pop

No es necesario señalarlo porque Vds. lo saben bien: la redacción de Mondo Cane cuenta entre sus principales inspiradores estéticos e ideológicos al gran Kim-Jong-Il, presencia continua en cada acción de nuestras vidas y especialmente cuando nos enfrentamos a un cambio de gafas en Chin-Chin Afflelou. La incomensurable figura de este entrañable Gary Glitter proletario ilumina nuestro triste penar en este mondo cane, y es que no todo el mundo puede presumir de tener en propiedad un búnker-museo para conservar, entre tantos prodigios, una figura de Lladró de Don Quijote regalada in person por Santiago Carrillo.
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Sabíamos de la existencia de un libro que imaginábamos fundacional: El arte del cine, un ensayo escrito por nuestro prócer y que se conserva celosamente en la biblioteca de Pyonyang junto con los restantes miles de volúmenes de los que es autor. Sabíamos de la desconcertante afición por el cine que cultiva Kim-Jong-Il, según cuentan poseedor de una colección de uvehacheeses y deuvedeles especializada en el western y el musical americano de los años cuarenta que no se la salta un gitano. Pero desconocíamos hasta hace poco la existencia de una película, Pulgasari, escrita y guionizada por nuestro pequeño hombre amarillo.
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Fue enterarnos, claro, y volvernos locas. ¿Pulgasari? ¿Kim-Jong-Il haciendo pinitos fílmicos? En efecto, los interrogantes nos asaltaban, y especialmente uno: ¿cómo localizar desde este decadente mundo capitalista una joya fílmica producida en la República Popular de Corea del Norte para comprobar ante nuestros ojos tamaña maravilla? Pero nada hay imposible para la redacción de Mondo Cane, amigos, y esta noche, tras gran cantidad de andanzas y desventuras, ha llegado por fin a nuestras manos una copia de Pulgasari cuya carátula les incluimos y que, por supuesto, no nos ha defraudado.
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Comenzando por la gran sorpresa inicial: nosotros, declinantes mentes de la civilización occidental, esperábamos, sí, un manifiesto político en celuloide, un Raza coreano, un Triumph des Willens amarillo, un Scipione l'africano arrocero. Algo que hubiera resultado, evidentemente, previsible y ramplón para nuestro hombre, que no ha dejado que su libre creatividad sea encarcelada por estas banalidades mittle-européens. Porque, amigos, Pulgasari ha resultado ser... ¡una película de monstruos gigantes alla Godzilla! En efecto, algo muy alejado de nuestra limitada y mediocre mentalidad europea, una narración que hunde profundamente sus raíces en el sin duda fascinante folklore norcoreano para poner en imágenes la historia de un pequeño monstruo construido en barro por un herrero que, tras cobrar vida al ser bañado en la sangre de la hija virgen de su escultor, terminará encabezando una revolución comunista en la Corea medieval. Como lo oyen. La película, por lo demás, es un auténtico pestiño, pero eso a quién puede importarle.
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No hagan caso, estimados lectores, a la avalancha de falacias que puede encontrarse en la canallesca: esa extraña historia que circuló hace poco por sus hediondas páginas según la cual el director de Pulgasari, la eminencia del cine surcoreano Shin Sang Ok, fue secuestrado por nuestro líder amigo para afrontar tal cometido y, ya puestos, hundir la cinematografía del país vecino y ventilarse a su también secuestrada señora esposa, es sin duda alguna otra turbia maniobra de la Brunete mediática. Porque qué duda cabe de que Kim-Jong-Il, en su humanidad y sabiduría, se limitó a ofrecer a este realizador la oportunidad que todo cineasta ambiciona en su vida para llegar a su madurez estilística. Aunque este ingrato Julio Medem amarillento no lo comprendiera y prefiriera cambiar la hermosa vida de Pyonyang por la corrupta Los Ángeles saliendo hacia allá por patas en cuanto tuvo oportunidad. Pero la justicia poética siempre termina dictando sentencia y en las Hollywood hills terminaría este felón fimando la por esta redacción desconocida pero seguramente notable trilogía Tres ninjas contraatacan, Tres ninjas peleones y Tres ninjas en el parque de atracciones. ¡Penitenciagite!
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En fin, que entre este arrebatador descubrimiento que hemos tenido hoy y que una de las escasísimas personas lúcidas a la que conocemos, a la que tanto admiramos por sus enciclopédicos conocimientos y sus decimonónicos sentimientos, nos ha recomendado fervientemente la obra fílmica de Philippe Garrel, nos ponemos en marcha con un poco más de energía hacia la Metrópolis reaccionaria. ¡Neo-Tokyo is going to explode!

domingo, 16 de septiembre de 2007

Mal menor

Viendo la popularidad que está adquiriendo ésta su publicación virtual, con nuestro servidor llamándonos continuamente la atención por la saturación que estamos creando en sus raquíticas líneas, nos vemos obligados a abrir un concurso a nivel internacional. Si ustedes saben quién es este señor que aparece en un lugar donde tantas copas nos hemos tomado en un estado tirando a lamentable, envíennos un SMS con la palabra MONDOCANE seguida de su respuesta. Entre los acertantes se sorteará un niño con gafas y un politono con la melodía de El tío calambres.
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Sirva esta imagen como aviso para Protección Civil de Gipuzkoa: Mondo Cane está ya preparando las maletas para asistir al Festival de Cine de San Sebastián. Para el que (y sin hacer trampas ni falsificar documentos, como suele ser habitual) la redacción al completo ha conseguido una lustrosa acreditación. Allá que nos vamos, con la intención de ver a los amigotes, ponernos tibios a pinchos y, ya puestos, incluso ver alguna película.
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Pero pocas, la verdad. Y es que les vamos a confesar la realidad: como nosotros somos taaaan guais, nuestra idea inicial era habernos ido al Festival de Venecia. Teníamos ya nuestras acreditaciones y hasta un decadente alojamiento en la isla (asunto de enorme complejidad, como bien saben nuestros lectores, visitantes habituales de la Serenissima) y habíamos comenzado a segregar todo tipo de jugos pensando en ese macrociclo dedicado al spaghetti-western que nos iba a alegrar la existencia. Pero los problemas hospitalarios se entrecuzaron por en medio y tuvimos que dejarlo correr. En fin.

A cambio, nos vamos al incomparable marco incomparable. Que suele ser una opción que nos gusta mucho, o al menos que nos gustaba, cuando se preparaban ciclos descomunales sobre películas que interesaban realmente (el doctor Pirracas recuerda, dice, con especial agrado el dedicado al cine anticomunista, mientras que el licenciado Ventoleras dice preferir los de Eloy de la Iglesia y aquél, monumental, dedicado a la comedia italiana 1945-1975). Pero todo dio un brusco giro aquellos dos años en los que nos colocaron unas retrospectivas infumables sobre directores orientales imposibles: el Festival entraba por la puerta grande en la posmodernidad más descarnada y desde entonces... pues como que da un poco de pereza, oiga.

En efecto: nos interesan un bledo todas las retrospectivas de este año. Lo del cine ártico ése ni lo pisaremos. El de Henry King... pues bueno, iremos a ver The gunfighter por aquello de que inspirara una canción a Bob Dylan, y por supuesto La canción de Bernardette por asentar nuestras cada vez más firmes convicciones católicas. Y al Garrel ni lo conocíamos, pero en habiéndonos informado uno de nuestros colaboradores, experto en ciudadanía francesa, que no ha visto ni una de sus películas pero que le dan muy mala espina, suponemos que seguiremos viviendo en nuestra ignorancia. Con lo bien que nos lo pasamos el año pasado, donde la mera proyección de La piel quemada hacía valer la pena nuestro traslado a la perla del Cantábrico...

Por lo que nos tememos que, a falta de cine, Mondo Cane se verá obligada a realizar una inmersión en el color local y y a ejercer de donostiarra medio. Lo que nos fuerza a: 1) ver alguna película de la Sección Oficial a la que asistan sus conocidos protagonistas, más que nada por contar al día siguiente en la oficina que nosotros también los vimos y se conservan muy bien, 2) pisar esa sección que nos autoprohibimos rigurosamente hace unos años, Zabaltegi, donde no se proyectan más que pestiños para jovenzuelos modernísimos vestidos como de actores secundarios de película española, que por otra parte no paran de encontrar en ella joyas que van a revolucionar la historia del Cinema y de las que nadie se acuerda quince días después, y 3) pasear veinticuatro horas al día por la ciudad con la acreditación colgada del cuello para ver si conseguimos de este modo que se nos acerque alguna despistada señorita, única función real de tamaño artefacto. Y es que esta edición no nos queda ni el Made in Spain que año tras año nos salvaba el festival del incomparable marco incomparable: la selección de películas es tan pavorosa como la producción nacional en bruto hacía prometer.

Se lo iremos contando. Queremos aprovechar también estas líneas para pedir disculpas a nuestros solícitos lectores por nuestra ausencia de estos días. Todo tiene su explicación, claro. Y es que el otro día un fervoroso jovencito nos habló de un señor que se llama Christopher Nolan. Ante nuestra habitual ignorancia sobre cualquier cosa sucedida con posterioridad a 1975, nuestro interlocutor nos explicó con pasión que era un renovador del lenguaje cinematográfico como no se veía desde el primer Godard, un director sólido, uno de los mejores narradores del cine contemporáneo y no sabemos cuántas cosas más. Apabullados ante tantas cosas que desconocíamos, el viernes decidimos hacernos una sesión con películas de este nuevo Von Stroheim. Vimos una que era de Batman (!) y otra de unos magos que no paran de dar vueltas de un sitio para otro sin que llegáramos a entender bien para qué. Y como bien pueden ustedes imaginar, la primera nos sumió en una interminable sensación de tedio sólo comparable a la de i*r*r*i*t*a*c*i*ó*n que nos provocó la segunda. Y es que no recordábamos algo tan enervante desde que otro mozalbete nos habló de un tal Darren Aronofski o similar e intentamos ver una cosa suya que se llamaba Réquiem por un sueño cuyo mero recuerdo, todavía hoy, nos provoca arduos picores en la zona inguinal... Bueno, sí, lo del Aronofski fue mucho peor. Lo reconocemos.
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La visión esta tarde de domingo de Los tramposos ha permitido un inicio de reubicación de nuestros maltrechos cuerpos y, en consecuencia, volver a nuestra cita con los fans, a los que tanto queremos. Y es que esto nos pasa por hacer caso a la muchachada.