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sábado, 26 de marzo de 2011

Camino de Damasco (1976)

"La segunda noche Elvis sólo consiguió grabar una canción, Solitaire de Neil Diamond, y no fue poco dado que durante la sesión intentó hacer todo lo posible para que no se alcanzase ni tan siquiera este modesto objetivo. Se retiró varias veces a su dormitorio, llevó a uno u otro componente de la banda al piso superior para hacerle escuchar temas gospel, dio una pequeña conferencia sobre numerología y mostró a todos sus distintivos policiales. Incluso en un determinado momento, cuando se encontraba en su habitación en compañía de Sonny y Red, les mostró el plan que había ideado para cargarse a todos los narcotraficantes de Memphis. Mientras sacaba todas las armas con las que iba a llevar a cabo su siniestro propósito, les dijo que la sesión era la coartada perfecta para hacerlo sin que nadie se enterara de nada. Les mostró las fotos de los camellos que le habían dado sus amigos del departamento de policía de Memphis y numerosos dossiers con detallada información del territorio que controlaba cada uno de ellos. "Bueno, me parece demasiado", dijo en tono dubitativo Red, que estaba harto de las fantasías de Elvis y al que no se le escapaba que su extraño plan se parecía demasiado a la trama de El justiciero de la ciudad, la película de Charles Bronson que Elvis y él habían visto un montón de veces".


Peter Guralnick: Careless love


Camino de Damasco (1973)

"Seis meses después Elvis es ingresado en el Baptist Memorial Hospital de Memphis en estado de semi-coma. Mientras se encontraba en California había comenzado a sentir problemas respiratorios y había alquilado un avión para volver a casa; a bordo de éste Linda había notado que cada vez tenía más problemas para respirar, pese al continuo suministro de oxígeno. En cuanto llegó a Graceland el doctor Nichopoulos fue a examinarlo y se quedó impresionado al verlo: Elvis aparecía lleno de edemas y tan hinchado que casi no podía respirar y sólo a duras penas era reconocible. (...) .
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En cuanto fue capaz de hablar, el doctor Nichopoulos le preguntó qué tipo de fármacos había tomado, pero una vez que los enumeró los médicos constataron que ninguno de ellos contenía sustancias que pudieran justificar el aspecto edematoso de Elvis. Cuando uno de los médicos interrogó a Elvis sobre el origen de los hematomas que le recubrían el cuerpo, éste respondió que eran consecuencia de las sesiones de acupuntura a las que se había sometido en el transcurso de los últimos ocho o nueve meses, pero ninguno consiguió hacerse una idea de cómo era posible que las agujas utilizadas habitualmente para la acupuntura pudieran dejar señales tan evidentes hasta que Elvis no explicó que la terapia se le aplicaba no con agujas sino con una jeringuilla. Cuando el doctor Nichopoulos le preguntó qué contenía la jeringuilla, dijo que no lo sabía. El médico que lo trataba le había dicho algo de un anestésico local para calmar el dolor y un poco de cortisona para acelerar el proceso de recuperación, pero en realidad no sabía con exactitud qué contenía la mezcla. El doctor Nichopoulos afrontó la cuestión en privado con Joe Esposito, que le hizo entender que bajo esa historia de las inyecciones que Elvis se había hecho suministrar cada vez con mayor frecuencia había algo que olía mal. El doctor Nichopoulos telefoneó al médico a California, y tras informarle con tono enfadado de que Elvis se encontraba muy, muy mal, consiguió hacerle decir la verdad, esto es, lo que cualquiera de sus amigos habría podido decirle: Elvis se hacía practicar inyecciones de Demerol [N. de T.: lo mismito que se pinchaba su futuro yerno Michael Jackson, lo mismito a lo que Jacko dedicó su tema Morphine], y lejos de no saber con exactitud el contenido de la sustancia había exaltado frecuentemente sus maravillosas virtudes curativas y en diversas ocasiones se había incluso hecho suministrar el remedio por algunos de sus amigos. Fue en ese momento cuando el doctor Nichopoulos comprendió que su paciente debía ser curado y tratado como un toxicodependiente.

Tras esta desconcertante revelación, el doctor Nichopoulos consultó a los doctores David Knott y Robert Fink, especialistas en toxicodependencia, y siguiendo sus recomendaciones hizo suministrar inmediatamente a Elvis barbitúricos para evitar que sufriese una crisis de abstinencia. Al día siguiente comenzó a administrarle dosis regulares de metadona, usada habitualmente en el tratamiento de toxicodependientes, y llamó al doctor Larry Wruble, un gastroentorólogo, que le hizo efectuar radiografías que revelaron la existencia de un ileo, esto es, de un estado caracterizado por el freno de la progresión del contenido intestinal. Los intestinos de Elvis, en resumidas cuentas, estaban repletos de materia fecal atascada: sin duda, una consecuencia del prolongado uso de opiáceos y causa principal de la hinchazón abdominal que le afectaba".

Peter Guralnick: Careless Love

martes, 8 de febrero de 2011

Camino de Damasco (1966)

"Elvis sentía en su interior una serenidad completamente nueva, que sin embargo a sus amigos no les pareció más que una nueva demostración de su locura; cada vez se sentían más ajenos a él, perplejos, confundidos, cargados de resentimiento y de rabia. Cada día Elvis los dejaba atónitos al tiempo que los dejaba consternados con sus ocurrencias: afirmaba que tenía visiones cada día y que antes o después dejaría la Tierra a bordo de una nave espacial, creía que podía ser capaz de accionar sólo con la fuerza de su pensamiento la instalación de regadío del campo de golf del Bel Air Country Club, y estaba convencido de poder sanar cualquier enfermedad, desde un resfriado común hasta los dolores más molestos, con sus poderes de curandero. A Marty le contó que el canto de un pájaro se había transformado en la voz de Cristo, y si las circunstancias hubieran sido otras sus amigos habrían tenido la tentación de ingresarlo de urgencia en un hospital psiquiátrico, pero la razón les decía que no se trataba más que de un nuevo capricho que pronto pasaría, tal y como en el pasado se había vuelto loco con tonterías como aquéllas".

Peter Guralnick: Careless Love
(Mondo Cane siempre supuso lo del platillo volante)

domingo, 30 de enero de 2011

Camino de Damasco (1965)

"Elvis y compañía se pusieron en marcha y atravesaron New Mexico y Arizona viajando por el desierto, bajo un cielo iridiscente que parecía caer sobre las montañas sagradas de los indios Hopi y conferir a todo lo que se extendía bajo la vista un tinte celestial que comunicaba un sentido de paz. Elvis conducía en silencio, con Larry sentado a su lado y los demás en el asiento trasero. Pero en cuanto dejaron atrás Flagstaff, sucedió.


Repentinamente, Elvis tomó aire violentamente y dijo "¡Uh!". Me giré hacia él y vi que estaba hundido en su asiento, con la boca abierta de par en par del estupor y mirando fijamente algo en el horizonte; siguiendo su mirada, vi una nube, una sencilla masa nubosa que flotaba en el cielo. De la nube emergía una imagen claramente reconocible.

"¿Tú también ves lo que estoy viendo yo?", preguntó Elvis con una voz que no era más que un susurro. Miré atentamente. "¡Es la cara de Stalin! ¡Ahí arriba!".

Por mucho que intentara percibir otra cosa diferente, era innegable que allí, en el cielo, estaba la cara de Stalin.

"¿Por qué Stalin? ¿Por qué Stalin?", preguntaba Elvis con la voz rota. "De toda la gente del mundo, ¿por qué precisamente él?".

Antes de que pudiera responder, la nube giró sobre sí misma, cambió de forma y dimensión y la imagen se fue desvaneciendo lentamente hasta desaparecer. Sabía que habíamos sido espectadores de algo verdaderamente extraordinario, y me giré hacia Elvis para decírselo, pero cuando lo hice enmudecí al ver la expresión de su rostro: miraba fijamente la nube, con los ojos abiertos de par en par y una expresión de completa maravilla. Es imposible describir el aspecto de Elvis... pero su expresión es la misma que se encuentra descrita tantas veces en la Biblia o en otros textos religiosos: era la expresión de alguien que acaba de recibir el bautismo o que acaba de convertirse. (...)

Elvis se giró, se echó a un lado de la carretera y paró bruscamente el vehículo. "¡Sígueme, Larry!", gritó mientras abría la puerta, se lanzaba fuera del coche y echaba a correr por el desierto. Lo seguí, y cuando conseguí alcanzarle y estar junto a él, en pleno desierto, golpeado por una fresca brisa, vi que tenía el rostro radiante de felicidad.

"¡Ha sido Dios!", gritó. Elvis tenía el rostro repleto de lágrimas mientras me abrazaba y me decía: "Te lo agradezco desde lo más profundo de mi corazón. Tú me has traído hasta aquí y no lo olvidaré nunca, nunca, amigo mío. Ha sucedido. He visto la cara de Stalin y he pensado ¿por qué Stalin? ¿Se trata de una proyección de algo que se encuentra en mi interior? ¿Se trata de que Dios está intentando hacerme saber qué piensa de mí?... ¡Pero ha sucedido! La cara de Stalin se ha transformado en la de Jesús, que me ha sonreído, y cada fibra de mi organisma Lo ha sentido. Por primera vez en mi vida, Dios y Cristo son una realidad viva: ¡Dios, Dios!" (...)

El resto del viaje no transcurrió sin problemas. Mientras Elvis vivía encendido de un místico ardor (...) la motor home ardió en medio del desierto de Mojave. [Llegados a Los Angeles] Elvis llevaba 36 horas sin pegar ojo, y todavía se encontraba encendido por el entusiasmo de la revelación que había tenido. Quería abandonar su carrera, le decía a Larry con un tono de voz que expresaba una decisión que jamás había expresado: quería renunicar a todo y hacerse monje".

Peter Guralnick: Careless Love

sábado, 18 de julio de 2009

Paranoid

"Steven Kaplan, director del Centro para la Investigación de Vampiros, en Queens, Nueva York, declaró que había detectado a un grupo de seguidores de Ozzy Osbourne, que formaron un culto vampirista y bebían sangre" .


"La segunda experiencia resultó mucho más interesante, aunque estemos en desacuerdo con toda clase de experimentación que, como ésta, provoque daño a especies vivas. (...) Se eligieron grupos integrados por petunias, calabazas y caléndulas. El primero de ellos escuchó música clásica durante ocho semanas. Los resultados fueron sorprendentes. No sólo crecieron más de lo habitual, sino que desviaron sus tallos en dirección a los altavoces. Una de las calabazas llegó a enroscarse amorosamente alrededor del bafle, como si quisiera abrazarlo. Sin ninguna duda, estaban demostrando su sensibilidad ante Bach, Schubert, Brahms, etc. Por el contrario, el resultado obtenido con el segundo grupo, sometido al rock, fue calamitoso. Durante los primeros siete días, se les hizo escuchar material grabado con temas de Pink Floyd, Yes y otras bandas de rock sinfónico, sin obtener reacciones definidas. Para la segunda semana, se seleccionaron estilos de rock más duro. Varias horas diarias de Jimmy [sic] Hendrix y Led Zeppelin, mataron a las caléndulas al cado de diez días y enloquecieron a las petunias, las que, durante el primer período, crecieron desmesuradamente altas, desarrollando hojas excesivamente pequeñas. Las calabazas se mostraron más precavidas, intentando alejarse en dirección contraria a los altavoces".

"Lo que voy a confesar en este momento, nadie lo creerá y pensará que es ciencia y ficción: Cuando se termina el master de una grabación, esa matriz es llevada a una sala secreta a la que el público no puede tener acceso. Es colocada sobre un altar orientado hacia el norte, con un círculo dibujado en el suelo. Trece personas, especialmente seleccionadas, invocan al *Colban*. Imponen sus manos y llaman a los demonios, ordenando a sus *príncipes* para que aparezcan. Se realiza la invocación a *Rija*, príncipe del satanismo, para que ordene a los demonios para que vayan con cada disco o cassette hecho desde ese master. Este ritual se efectúa con cada disco de las grandes compañías; de ahí la propagación y el éxito mundial del rock (...). Esa música no es producida para hacer dinero, pues *ellos* no tienen necesidades económicas, ya que dominan muchos mercados: ¡son los dueños de todo el dinero!. *Ellos* lo producen para controlar la mente de las personas".

Fernando Salazar Bañol: "La cara oculta del rock" (de largo, el libro más absurdo con el que jamás se hayan topado los miembros de Mondo Cane. Que se encuentran muy preocupados, por cierto, porque han descubierto estas terribles realidades recién llegados de un megaconcierto de Johnny Hallyday que ha anulado sus ya de por sí inexistentes conciencias y matado la planta que tenían en el balcón de la oficina)

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Never trust a hippy

La repentina desaparición de escotes en el siempre minifaldero barrio de Lavapiés nos ha llevado rápidamente a una sagaz conclusión, estimados lectores de Mondo Cane: se ha terminado el verano. Y esto, que lamentamos sobremanera no por la calima sino por la imposibilidad de seguir dedicando nuestro tiempo de ocio al agradable espectáculo de ver señoritas semidesnudas por la calle, suponemos que alegrará inmensamente a Protección Civil porque sí, sufridos amigos: por fin volvemos a estar localizables en la calle del Amparo.
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¿Dónde ha estado la redacción de Mondo Cane este verano?, se pregunta la España de bien. Pues de conciertos, queridos amigos. Dónde íbamos a estar con estos calores.

Nuestro periplo comenzó pronto, pero bien pudo iniciarse antes. Porque allá por el ya lejano junio nos enteramos de que Tom Waits iba a actuar en nuestro poblacho, cosa que nos importaba más bien poco hasta que el dottor Pirracas, siempre a la última en tendencias musicales gracias a que a estas alturas sigue comprando el Heavy Rock, nos informó de que Scarlett Johansson había grabado un disco de covers del señor Waits. Y cuando vimos que las entradas del show salían a 200 eurodólares por barba, rápidamente hicimos la ecuación y supusimos que el abultado precio se debía a que el viejo llevaría consigo a la hinchadísima actriz para que ésta practicara al menos una fellatio a los asistentes. Con tal esperanza intentamos hacernos con unos billetes, pero cuando la señorita de la taquilla nos informó de que en el precio no se incluía práctica sexual alguna el licenciado Ventoleras espetó sabiamente una frase esquilmada a su señora madre -“a robar a Sierra Morena”- y decidimos dedicarnos a actividades más populares. Seguimos, eso sí, a distancia la tournée, y cuando en pensando en los dineros pagados por los gafipastas nos enteramos de que en el evento celebrado en Barcelona había habido problemas de sonido durante más de media hora supusimos lógicamente que aquello habría provocado una feliz reedición de la Semana Trágica de 1909. Pero no, amigos, para nuestra maravilla la gente incluso aplaudió, lo que nos dio nuevamente una pista de la flojera de espíritu insuflada a Catalunya en estos últimos años.

Nada de todo esto, evidentemente, sucedió en el capital concierto que ha cerrado nuestro periodo estival, el antológico que ofrecieron los Sex Pistols en la capital patatera. Antes habíamos visto, si no recordamos mal, a Franco Battiato nuevamente, y a Neil Young, y a Bob Dylan varias veces, e incluso tenemos un vago recuerdo de haber pasado unos muy agradables días en un festival playero lisboeta que estuvo así como muy bien. Pero de esto no les contamos mucho porque ya hemos dedicado a todos ellos páginas y páginas en momentos anteriores de Mondo Cane. Y decíamos que mientras Celtiberia se sumergía en esos conciertos de rock para señores mayores que iba dando el huracán Bruce Spín-Stín por la piel de toro, volvimos a hacer los bártulos y nos largamos a Patatoland para ver a Johnny Rotten enfrentándose a la rebelión de las masas.

Y se rebelaron, qué duda cabe, o al menos las más descerebradas. La que se montó en las campas de Mendizabala ya la hemos contado por algún lado, o sea que les remitimos a este bonito link donde pueden ustedes leer una apasionada crónica del antológico mogollón. Nuestra conclusión es la misma que ya teníamos antes del show: que el punk del 77 ha sido la única cosa medianamente inteligente que ha pasado en la historia de la cultura popular desde la edición de Blonde on blonde (sea hecha la salvedad de la publicación de Selfportrait, pero eso sería otra historia) pero que nadie se ha enterado de nada. Y esto de ver a varios miles de personas lo suficientemente irritadas porque Johnny hace un chistecillo local como para darle un hostión de cuidado demuestra que la gente, definitivamente, es muy paleta. Qué le vamos a hacer, Johnny: ya te decíamos que nadie se ha enterado de nada, y el único movimiento popular que parecía agitar un poco el conformismo del personal se ha convertido definitivamente en un reducto de cazurros. Horreur.

El largo y cálido verano. Mañana, eso sí, comienza una nueva etapa porque, como viene siendo habitual, Mondo Cane hace el petate y se va a pasar un par de semanas a DonostiaSanSebastián a ver cómo va ese festival celebrado en el incomparable marco incomparable. Que esperamos salga mejor que el cartel anunciador, que no entendemos por qué tamaño esfuerzo en hacerlo cada año más feo. ¿Guiño cómplica hacia la mafia rosa, cada vez más extendida por los callejones donostiarras? ¿Mensaje subliminal que confirma esa leyenda urbana de que nuestro prócer Odón Elorza va a poner por fin en marcha un festival de aizkolaris asesinos en la Plaza de la Constitución? Pues no lo sabemos, pero de momento nuestro balance es uno solo: el cartel de este año es más feo incluso que el del anterior, que ya de por sí daba un poco de tirria.

Pero estas frívolas consideraciones estéticas no deben llevarnos a equívocos: tras tantos años echando pestes por el cariz neo-oenegero-yonkichic que estaba adoptando la cosa, por fin nuestros estimados dirigentes festivaleros se han decidido a hacer un par de ciclos para gente a la que le gusta el cine. Esa misma siempre ausente de la cita donostiarra. La calidad del dedicado al cine negro japonés está fuera de toda duda ya que la ha pergeñado en la sombra nuestro siempre admirado amigo Carlos Aguilar; del centrado en la magna obra monicelliana mejor ni les hablamos porque va a ser arrollador. Y eso pese a que la redacción de Mondo Cane ha trabajado duramente en él, y como muestra quedan un par de capítulos salidos de nuestra siempre grácil pluma en el libro que acompañará a la retrospectiva. Que por cierto nos lo ha dado esta misma mañana nuestro editor y ha quedado muy bien, o sea que les animamos desde ya a comprarlo o, viendo que no nos llevamos un duro de derechos de autor, al menos a piratearlo en su biblioteca más cercana. No nos queda sino mantener bien altas las expectativas, sobre todo porque mientras el personal menos ilustrado se estará pegando de bofetadas para ver el nuevo horror de Woody Allen o la nueva flor ojetera de Kim-Ki-Duk, nosotros nos lo vamos a pasar chachi disfrutando de cintas capitales como Un borghese piccolo piccolo y L'armata Brancaleone en unas salas desiertas. Y tanto que nos alegramos.

Pero todo esto será mañana, cuando los miembros de Mondo Cane recojamos nuestras acreditaciones y volvamos a la rutina de quedarnos sobados en los cines e intentar arrimarnos a alguna destrozona gracias a esa fascinación inmediata que provoca en las intocadas señoritas donostiarras llevar algo colgado al cuello en fechas festivaleras. Hasta entonces, solo nos queda enmendar un error: hace unos meses, llevados por el fervor de ver nuestra gloriosa enseña nacional enfrentada a los hijos de Beria en una semifinal futbolera nos dejamos arrastrar por el ímpetu rojigualda y titulamos erróneamente uno de nuestros fascinantes textos con un "¡Que nos devuelvan el oro de Moscú!" que hoy en día nos causa inmenso bochorno. Cuando el otro día leímos en la prensa socialdemócrata que el gobierno ruso había decidido por decreto ley establecer en los manuales escolares que Stalin "fue el más exitoso gobernante ruso del siglo XX" y que sus asesinatos masivos fueron "medidas necesarias, aunque excesivas, para mantener la disciplina" comprendimos cómo tanta propaganda antisoviética promovida por Rafael Arias Salgado había terminado laxando nuestras neuronas e, intentando enmendar nuestra injusta valoración hacia nuestros hermanos caucásicos, pusimos rápidamente un telegrama al Komintern solicitando nuestras más sinceras disculpas al mismo tiempo que recomendábamos fervientemente a los servidores del proletariado la retirada de la extemporánea consideración "aunque excesivas" del libro infantil. Dicho esto, y como tan sabiamente enunció nuestro admirado Iósif, "en el ejército ruso hace falta más valor para retirarse que para avanzar", por lo que estos mujiks se van a bandearse con las hordas cántabras. Ciao bambinos.

sábado, 28 de junio de 2008

¡Que nos devuelvan el oro de Moscú!

Menos mal, estimados lectores de Mondo Cane, que nuestro corresponsal en el incomparable marco incomparable invitónos el mes pasado al proteico concierto donostiarra de Franco Battiato y nos insufló un cierto ánimo para subsisitir este pavoroso mes de junio con 40 grados a la sombra que estamos sufriendo en Lavapiés. Menos mal, decimos, porque el resto de los acontecimientos veraniegos no está posibilitando la dignidad humana. Si un día se nos muere Dino Risi, al siguiente van y nos dicen que El coloso no es de don Francisco de Goya y Lucientes. La posmodernidad avanza con pasos de ídem y Mondo Cane hace lo posible por resisitir heroicamente sus embates. Pero no siempre es sencillo, aclaramos.

En toda esta avalancha de desgracias humanas, una noticia nos ha hecho mantener confianza en la especie. Y ha sido, aquí arriba lo tienen, la publicación tras cuatro años de espera de Tiempo de mitos. Las coproducciones cinematográficas entre la Italia fascista y la España franquista (1939-1943), magna (bueno, más o menos) obra de uno de nuestros colaboradores más afectados por la flojera canicular. Nos resistimos a repetir aquí las inexistentes alabanzas que ha recibido tal volumen entre la prensa especializada, aunque no duden que les escanearemos la reseña que va a encontrar el texto en el próximo número de Cahiers du Cinema, porque qué carajo, no sale todos los días un amiguete nuestro en la revista de Bazin y Truffaut. De momento, simplemente les señalamos un dato fascinante: en nuestro último viaje a Vascongadas nos sorprendimos al encontrar Tiempo de mitos en uno de los anaqueles del Koldo Mitxelena y hasta en los de la Biblioteca Municipal donostiarra. Aunque indudablemente lo que más ilusión ha hecho en esta su redacción de la calle del Amparo, donde con tanta frecuencia paladeamos las delicias de Une partie de campagne y La grande illusion, ha sido ver aparecer el volumen en una web de recursos sobre Jean Renoir. Suponíamos que después de esto poco más podíamos pedir a la vida, hasta que el otro día uno de nuestros más fieles colaboradores descubrió ante nuestra inconsciencia la imparable expansión internacional de Tiempo de mitos: ahí lo tienen como referencia namber uan de la entrada de la wikipedia alemana dedicada al Belagerung des Alcázars von Toledo. Estimados lectores, suponemos que la aparición de Mondo Cane en la wikipedia marca un punto de no retorno para ésta su redacción y sí, poco a poco nosotros también nos vamos infiltrando en la insospechada nave de la posmodernidad.

Y todo esto con la que está cayendo. No recordábamos un caldo similar desde aquel verano en el que la redacción de Mondo Cane viajó imprudentemente a Sicilia para presentar un cortometraje en un ignoto festival cinematográfico sículo y cada diez minutos teníamos que acompañar al licenciado Ventoleras a remojarse las canillas al estrecho de Messina para que no desfalleciera despatarrado en algún callejón bizantino. Lavapiés (Bostuana) ha mutado en la cashba argelina, con todo el personal despelotado en los balcones mientras se escucha cómo el barrio entero canta los goles de Turquía. Y España, mientras tanto, sigue en llamas: ayer por la mañana tuvimos que salir de casa y nos cruzamos con 1) una manifestación transmaribollera anticapitalista (se lo juramos) por la visibilidad homosexual (!) que, en sutil ironía, iba repartiendo bollos y tortillas por la calle 2) una mesa con un póster tamaño Perurena en el que se veía a Lenin con bañador y flotador (se lo juramos) donde se reclutaban infantes para pasar el verano en un campamento de jóvenes marxistas (se lo volvemos a jurar), donde suponemos harán apasionantes cursos y seminarios sobre organización de koljoses y estructuración de gulags. Pirracas, pese a su respetable edad, hizo un amago de apuntarse atraido por la tentación de haber visto en su juventud una oscura copia en Beta de Ilsa, la tigresa de Siberia, pero su atención rápidamente se distrajo hacia la nueva manifestación que nos arrolló por la calle, y que haría la número 3). Como tontos, allí nos fuimos animados por las banderas de la CNT que en ella se ondeaban, y a estas alturas seguimos sin saber qué es lo que se reclamaba, pero sí les podemos decir cuál era el grito estremecedor de los manifestantes: "a por ellos, oé, a por ellos, oé oé oééééééé". ¿La CNT arropando a la selección nacional? Pues quién sabe, pero viendo la que está cayendo por Madrid con la Eurocopa lo vemos muy posible.

Y es que la fiebre futboleira, estimados lectores de Mondo Cane, ha terminado arrastrándonos hasta a nosotros. Eso pese a que en sus inicios estuvo a punto de acabar con nuestra vida: el otro día salíamos de la Biblioteca Nacional y, al cruzar la Plaza de Colón vivimos una escena como recién salida de una película de Wellman, al intentar ser linchados por una sonriente multitud rojigualda que allí se agolpaba ante una macrotelevisora. Y es que el zangolotino de Calcapeitos, desde siempre nuestro princeps elegantiae, no había tenido otra que vestir con pantalón azul cielo y camiseta amarillo canario el mismo día que nuestras huestes defendían nuestro honor ante Suecia. Menos mal que salimos del paso y hemos podido vivir este resarcimiento histórico ante los sicarios de Beria en forma de 3-0. Y el domingo vibraremos -con una cerveza en la mano, comme il faut- ese no menos apasionante enfrentamiento nacionalsocialismo vs. nacionalcatolicismo que nos tiene ya absorbidos. Pero todo eso se lo contaremos otro día porque esta tarde, pese a tanto refunfuñar, nos vamos a ver la gira del Bob Dylan, que comenzamos con un poco de retraso porque ayer queríamos ver a Neil Young en ese megacentrocomercial que han instalado en Arganda del Rey. Pero no pasa nada: esta tarde estaremos sufriendo al vieho en la Sierra de Gredos y ahí comenzaremos un largo periplo que terminará dentro de un par de semanas en Lisboa, donde el Dylan encabeza un festival playero de muy buena pinta. Y donde estarán también Neil Young (con el que se prevé un clash of the titans antológico), Ben Harper y hasta los Rage Against the Machine, aquel grupo que tantas risas nos provocaba en los noventa. Una banda que decía ser anticapitalista y estar formada por grandes conocedores de la política internacional, como bien demostraron rápidamente: lo primero, al fichar con la Sony según encontraron un jitsingel; lo segundo, al equiparar la situación política vasca y la chiapeña en un video promocional. Para que luego Curri Valenzuela vaya por ahí diciendo que Ibarretxe no tiene razón.

viernes, 16 de mayo de 2008

Mondi lontanissimi

Ya sabíamos nosotros que de algo tenía que servir tener una red de enviados especiales subcontratada por ETT extendida por todo el orbe. Fíjense que el otro día uno de ellos se puso en contacto con esta su redacción para avisarnos del acontecimiento: Franco Battiato actuaba en San Sebastián. Así, sin previo aviso. Y como nuestro corresponsal, amén de buena gente, es caritativo, no sólo nos informa del asunto sino que nos invita al acto. Da gusto poder recuperar ocasionalmente la confianza en el género humano. Bueno, en alguno de sus integrantes, tampoco nos pasemos.

Huelga decirles que entre nuestro franquismo irredente y nuestra querencia por asistir a cosas por el jepeto no tardamos en ubicarnos en el marco incomparable. Superamos incluso la tirria que nos da ver estas cosas en el Kursaal donostiarra, ese lugar que te fuerza a asistir a conciertos en los que está rigurosamente prohibido fumar, beber e incluso levantarse. Las situaciones bizarras que hemos tenido que vivir en tal auditorio rozan lo paranoico: el licenciado Ventoleras recordaba cómo en aquella gira en la que Lou Reed iba acompañado por una banda que sonaba como una locomotora descarrilando (eran otros tiempos -o tempora, o mores, que decían los latinos- y todavía no hacía tai-chi sobre el escenario para rubor de sus seguidores) llegó a ser agredido físicamente por una señorita azofaifa de uniforme imposible al levantarse para bailar con una destrozona en una esquina del pasillo lateral.

Menos mal que la presencia de Battiato es suficiente para superar incluso estas tristes contingencias posmodernas. Ni idea teníamos de las órbitas por las que circularía el buen Franco a estas alturas: no recordamos ya la de veces que le hemos visto live and in person y la estructura de los shows nunca ha tenido que ver lo más mínimo una con otra. Pero en fin, qué importa el asunto: tras el triste fallecimiento de Battisti, sólo el Dylan y los Stones (cuando tienen buen día, cosa que no les sucede desde el 99) tienen un repertorio tan demoledor como el tío Franco. Y eso siempre es un punto de partida de confianza.

Miren ustedes que todo aquello podía haber terminado muy mal, porque al entrar en el recinto comprobamos algo alarmante: Battiato venía acompañado por, atención, dos bandas de jovenzuelos veinteañeros como grupos de apoyo. La primera, masculina, se acercaba a una especie de Franz Ferdinands sin dinero para comprarse ropa ni hacerse un corte de pelo chic. Cosa, por otra parte, de agradecer. Lo de la segunda, de féminas, no tenía nombre: venía a ser algo así como un triste grupo emo-core vestido cual musas del prerrafaelismo afectadas por algún tipo de retraso mental (esa moda de cantar con las patitas torcidas debería comenzar a ser punible por lo criminal). Dentro de este conjunto, sólo nos quedaba el consuelo de ver un piano de cola a un lado y de saber que tarde o temprano saldría a escena Manlio Sgalambro a decir algo sensato.

Pero que no cundan alarmas, estimados lectores, que con estos mimbres Battiato te teje unos cestos descomunales. El concierto alternaba momentos de voz y piano con temas guitarreros que nos pusieron los pelos como escarpias. En viendo esto, sólo cabía esperar un setlist demoledor y, evidentemente, así lo fue. Si con el piano Battiato se soltó con temas menos populares absolutamente exquisitos, las guitarras reservadas para los greitesjits terminaron sonando bien pese a la abundancia de niñatos y aquello fue un exceso de repertorio descomunal. En efecto: en apenas diez minutos habíamos caído rendidos ante el desbordamiento battiatesco y ya hasta los tres temas que se marcó en castellano nos sonaron a gloria.

Quién nos iba a decir que entre tanto derroche Battiato ha terminado por incluir en el repertorio fijo varios asuntos que nadie en su sano juicio podría esperarse y que nos alegraron sobremanera, como la apabullante Nómadas, una rescatada Prospettiva Nievsky y dos o tres versiones de ese disco que nadie aprecia pero que en Mondo Cane consideramos una obra excelsa de la música contemporánea, FLEURs -junto a Selfportrait uno de los poquísimos discos de versiones que no dan vergüenza ajena-. Y es que a estas alturas escuchar en directo un tema de Fabrizio de André o ese Ruby tuesday arollador (¡con cuatro guitarras eléctricas al mismo tiempo!) es mucho más de lo que nadie nos puede ofrecer en un escenario a estas alturas, qué duda cabe.

Y en fin, que entre tanto derroche sentimental incluso encontramos un momento para recordar con añoranza uno de los mejores conciertos que jamás hayamos visto. Fue de Battiato, de quién si no, y en los jardines de una villa barroca perdida en un remoto lugar de la campiña luccese que ni tan siquiera figuraba en los mapas. Tras dar más vueltas que un loco, conseguimos dar con ella y sentarnos en el prado bajo la noche estrellada toscana a ver qué nos deparaba la velada. A priori no lo sabíamos muy bien: hacía quince años que no lo veíamos en concierto, Battiato regresaba de sus titubeantes retiros espirituales en Asia central y ni sabíamos por qué órbitas celestes estaría circulando a esas alturas. Nuestro estupor creció al ver que la banda de apoyo la conformaban un piano, un contrabajo y un asexuado señor que hacía las veces de soprano. Pero en apenas unos segundos nos dimos cuenta de que lo que allí íbamos a vivir superaría con creces lo imaginable, y así fue. Sólo podemos contarles, queridos lectores, que en el segundo tema nos giramos hacia una querida colaboradora de Mondo Cane que nos acompañaba en tal acontecimiento (y que estaba, por cierto, arrebatadora aquella noche) y la descubrimos soltando unas breves lágrimas de felicidad.

Y como Pirracas se está poniendo un poco pesado para no cerrar el asunto con este exceso de repostería, no podemos evitar concluirlo con esta cosa, punto cumbre del camp local y que, la verdad, siempre nos ha hecho mucha gracia.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Y cuando nos estábamos quitando...

Pese al luto en el que se ha sumido esta redacción tras la muerte del gran Fernán-Gómez, Mondo Cane sigue encontrando motivos varios para la jacaranda. El último ha sido la edición de la brillante banda sonora de I'm not there, esa película biográfica de Bob Dylan de tintes cubistas que a estas alturas sigue sin fecha de estreno por aquí. Y luego nos la bajamos por intenné y resulta que somos unos piratas y estamos matando la industria, ya ven qué cosas.

Miren que hacemos esfuerzos vanos por ir quitándonos de estas cosas. Hasta un freudiano artículo sobre lo que nos costaba matar al padre pese a los intentos que hace éste porque lo acuchillemos violentamente les dejamos por estas poco consistentes páginas. Pero era de prever: escuchar este I'm not there y volver a caer en antiguos vicios ha sido todo uno.

Pereza daba un poco. ¿Otro disco de versiones de Dylan? El licenciado Vidrieras, a vuelapluma, calcula que acumulamos unos cuarenta o cincuenta por la redacción. Y eso por no hablar de las recopilaciones que nos hemos ido haciendo por internet: tenemos por aquí una a la que pomposamente hemos bautizado Nobody sings Dylan like Dylan que va ya por los veinte volúmenes. Pero claro, al final hemos terminado agenciándonos I'm not there. No en el Carrefour de la esquina, como nos hubiera gustado, porque la edición española lleva ya un inexplicable mes de retraso sobre la americana. Sino que, aprovechando las indudables ventajas de la globalización, que no entendemos por qué critica tanto el personal con lo que mola, nos lo hemos agenciado en Estados Unidos, que con la devaluación del dólar nos sale más baratito y siempre sirve para chulear un rato.

Y mira por dónde que nuestras mejores perspectivas se han terminado cumpliendo. Si es que no hay nada como dejar hacer a quien sabe. Y cosa rara en el mundo de Dylan, por una vez se ha hecho. Así de fácil. Coja usted un par de bandas residentes presentables, los improvisados Million Dollar Bashers (esto es, Tom Verlaine, Tony Garnier, medio Sonic Youth y un par de amiguetes) y unos Calexico que van a terminar molando. Y llame a gente que se haya escuchado un par de discos de Dylan en su vida. Y ya está: van a saber lo que se tocan, van a elegir temas decentes y no será el enésimo repertorio de caballos de batalla peleones con el que se arranca cualquier grupo de bar con ínfulas. Que es lo que suele poblar este tipo de cosas.

La elección del personal ha sido lúcida, en efecto. Por allí circulan Eddie Vedder, Los Lobos, Willie Nelson, Ramblin' Jack Elliott y hasta Yo La Tengo. Y claro, el agitamiento del caleidoscopio dylaniano da lugar incluso a momentos de ese sonido mercurial por el que tanto y tan sensatamente clamaba el Dylan de lengua afilada y botas cubanas de chúpame-la-punta de los sesenta. Como previsible, ese eje que va desde Bringing it all back home hasta Blonde on blonde marca la línea, pero lo potente se esconde en el raspado de las páginas más oscuras del libro de canciones del vieho, que por momentos se acerca a lo milagroso. Así, de sopetón, no nos queda otra que señalar el antológico Pressing on que se marca precisamente John Doe, el fundador de aquella banda de punk seminal que tanto nos gustaba, X. A Mark Lanegan haciendo un tema que parece escrito para él, Man in the long black coat. Y si pensábamos que el acercamiento tex-mex de Willie Nelson y Calexico iba a caer en la abierta bizarrada, quienes hemos caído y de rodillas hemos sido nosotros escuchando ese Señor (tales of yankee power) que nos ha dejado fascinados. No todo podían ser alegrías, claro: la inclusión de ese clon estomagante de Falete que atiende al nombre de Antony and the Johnsons nos ha creado un exceso de edulcorante que tendremos que pagar durante semanas. Y es que su elección de tema habla por sí misma: Knockin' on heaven's door. Pero carajo, no importa: si es que hasta lo peor del disco mola. Que alguien tenga pelotas para rescatar temas como I can't leave her behind o As I went out one morning resulta ya tan apetecible que incluso el resultado podría pasar a segundo plano.

Y como estamos espitosos, mejor no les hablamos de ese otro gadget dylaniano, el DVD The other side of the mirror que nos tiene arrebatados desde que nos hicimos con él hace unos días. Porque entre esto y el pack de Emmanuel negra, con una Laura Gemser como para abandonarse al onanismo compulsivo, andamos disparados. Que no todo van a ser codornices en la vida de esta redacción.

No podemos concluir sin confesarles dos cosas. La primera: el otro día Pirracas bajó a comprar tabaco al Donato, la tasca de borrachuzos que se encuentra debajo de nuestra redacción, y se encontró con Patti Smith echando una birra. La segunda: mañana comienza nuestro periodo de primitivización navideña con una incursión al Bernabeu para ver enfebrecidos ese Real Madrid-Lazio donde esperamos echar doble llave al sepulcro del Duce. Estamos ya dominados por el orgullo blanco. Y entre eso y que la semana que viene nos vamos a trincar un cocido que no se lo salta un gitano en Malacatín bajo el busto de José Antonio que domina el comedor, pensamos que al final incluso este diciembre va a terminar molando.

jueves, 4 de octubre de 2007

Matando al padre...

The tracklisting is not a-changin’, titulaba acertadamente nuestra revista musical favorita su reseña sobre el último disco de Bob Dylan. Posiblemente, Uncut es la única publicación que a estas alturas no sólo tiene el coraje suficiente para hablar de r’n’r, sino incluso para ver con un mínimo de lucidez el lucrativo estado de confusión en el que vive últimamente Dylan, cosa cada vez más extraña en este panorama de rancias lecturas al que nos enfrentamos cada día. Y lo peor es que a Mondo Cane no le queda otra que darle la razón. Y miren que nos duele...
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Se ha puesto a la venta hoy una caja titulada Dylan que supone la enésima exhumación del apabullante legado dylaniano, y que, como viene preñadita de fotitos y paridas varias, Mondo Cane ha corrido a comprar, claro. Por aquello de nuestras tensiones compulsivas, cada vez más manifiestas en un acelerado síndrome de Diógenes que afecta a todo lo referente a la obra del viejo. Pero, como siempre, ya nos estamos comenzando a arrepentir.

La principal novedad de este recopilatorio es que (glabs) su selección de temas ha sido realizada por los propios fans del judío, que han acudido en masa a su web para votar por sus canciones favoritas. No sabemos muy bien quién fue el iniciador de esta corriente a favor de la democracia que inunda el planeta últimamente, pero suponemos que la justicia poética pasará factura algún día a estos Tocquevilles de medio pelo. Porque miren, que esta confianza ciega en la Humanidad se aplique al ámbito político, pues nos da un poco igual, pero que se lleve a cabo con el magno legado de Dylan… ¡No, hija, no! Por ahí sí que no pasamos, que hablamos de cosas serias.

Recoger las lazarianas historias de pérdida, redención y supervivencia del colosal autor de New morning en una especie de greatest hits elaborado como la visita organizada a un parque temático es ya un planteamiento cuanto menos detestable. Pero hacerlo, además con esta pereza, esta falta de imaginación y esta ausencia de criterio clama al cielo, amigos.

Tres cedeles organizados con el más previsible esquema: 1) Dylan golden age en plena oleada surrealista y anfetamínica 2) Bonitas canciones de amor de los 70 que suenan mucho en los hilos musicales últimamente 3) Dylan también hizo buenos temas a partir de los ochenta, no se piensen ustedes. La selección de los fans habla por sí sola. Están, claro, Like a rolling stone, Blowin’ in the wind y hasta ese estomagante tema más propio del último Elton John, Make you feel my love. Pero no están, claro, Is you love in vain?, Covenant woman o Every grain of sand ni tantas otras. Ni tan siquiera Idiot wind, que debió parecer demasiado larga a estos democráticos votantes.

El Doctor Calcapeitos lleva media mañana haciendo pucheros, melancólico, ante nuestra gastada copia de Biograph. Eran otros tiempos, Dylan no le importaba a nadie y el viello, para afrontar un imposible recopilatorio significativo de su obra, todavía se esforzaba en rescatar joyas ocultas de su catálogo e incluso en ofrecer luminosos textos para ilustrarlas. Pero todo aquello acabó con la publicación de Time out of mind: ante nuestro estupor, el planeta entero se declara de la noche a la mañana fan de Dylan de toda la vida y pasa a declamar a los cuatro vientos su admiración por el bardo de Minnesota desde los tiempos más remotos. A nosotros nos lo iban a contar, que recordábamos cómo unos meses antes el personal se pegaba por cosas tan capitales como conseguir una entrada para el ZooTV Tour o reservar en las tiendas el último disco de Lenny Kravitz mientras sonreía sardónicamente porque le contábamos que en unos días nos íbamos a casacristo a ver a Dylan. “¡Ah! ¿Pero todavía sigue tocando ÉSE?”, solían respondernos con una malsana ironía. Todo daba igual, porque tras marcarte varios cientos de kilómetros y gastarte la paga extra de Navidad, sabías que el vieho se la iba a jugar, improvisando, cambiando de repertorio cada noche y ahí, en cuanto te despistabas, te colocaba un Gates of Eden o un Obviously five believers que te tiraban por el suelo.

Ahora, reciclados todos en demócratas y dylanianos de toda la vida, nadie recuerda estas escenas y todo cristo parece dispuesto a comulgar con las ruedas de molino que nos planta el Dylan aprovechando los vientos favorables. La algarabía general montada con el aburridísimo Modern times no ha hecho sino confirmar lo que desde hace unos años íbamos intuyendo en los conciertos (convenientemente subvencionados con dinero público, of course) que en medio de una nube de pasotismo extremo se marca el Dylan por esta piel de toro, siempre tan dada a banalizar las cosas y a seguir a Vicente a la mínima ocasión. El vieho, que no es tonto, ya sabe que sólo tiene que esforzarse en los momentos agitados (a los periodos 1978-1983 o 1993-1997 nos remitimos) y, en los de bonanza, se dedica a replegar velas y recoger beneficios mientras todo a su alrededor se la sopla. Y nos condena, como siempre, a seguir viviendo de las pequeñas gotas de genialidad que nos sigue regalando. Que no son pocas, por fortuna: Theme Time Radio Hour suena de manera compulsiva en la redacción de Mondo Cane y nos sigue dando momentos de placer extremo. Ni les contamos lo que hemos disfrutado con No direction home y con Chronicles, pese a lo poquito que nos gusta leer. Y no queremos imaginar las lágrimas de felicidad que van a correr por nuestras encallecidas mejillas cuando salga a la venta ese The other side of the mirror cuya copia pirata en VHS tenemos ya quemada. Porque sí, las migajas de lucidez del viejo siguen siendo tan amplias que hasta en Dylan se han conseguido filtrar: ese arrebatador arranque del tercer disco con Blind Willie McTell y Brownsville girl supone, posiblemente, los 18 minutos más arriesgados y brillantes de los últimos diez años de su obra discográfica.

martes, 28 de agosto de 2007

I got nothin' / I got shit

En este constante debate de la sociedad contemporánea que es el de Posmodernidad vs. Neoprimitivismo, no es necesario señalar que Mondo Cane siempre se ha decantado por este último. Porque nosotros, menos posmodernos cualquier cosa. Por todo ello, nos hemos embarcado en la lectura del último libro de Paul Trynka, Open up and bleed, que parece va a ser desde ya biografía rrrefinitiva de Iggy Pop, ese último faro de lucidez que ilumina nuestra de por sí poco lúcida existencia.
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Al fascinante volumen dedicamos el poco tiempo de ocio que nos queda tras visitar hospitales, que frecuentamos muchos últimamente, y redactar páginas y más páginas sobre María Fernanda la Jerezana o Canelita en rama. Y en efecto, con este libro lo estamos pasando chachi, oiga. Aunque la duda que nos asalta es siempre la misma: ¿por qué todos parecen escribir mejor que nosotros?