sábado, 26 de marzo de 2011
Camino de Damasco (1976)
Camino de Damasco (1973)
"Seis meses después Elvis es ingresado en el Baptist Memorial Hospital de Memphis en estado de semi-coma. Mientras se encontraba en California había comenzado a sentir problemas respiratorios y había alquilado un avión para volver a casa; a bordo de éste Linda había notado que cada vez tenía más problemas para respirar, pese al continuo suministro de oxígeno. En cuanto llegó a Graceland el doctor Nichopoulos fue a examinarlo y se quedó impresionado al verlo: Elvis aparecía lleno de edemas y tan hinchado que casi no podía respirar y sólo a duras penas era reconocible. (...) .martes, 8 de febrero de 2011
Camino de Damasco (1966)
"Elvis sentía en su interior una serenidad completamente nueva, que sin embargo a sus amigos no les pareció más que una nueva demostración de su locura; cada vez se sentían más ajenos a él, perplejos, confundidos, cargados de resentimiento y de rabia. Cada día Elvis los dejaba atónitos al tiempo que los dejaba consternados con sus ocurrencias: afirmaba que tenía visiones cada día y que antes o después dejaría la Tierra a bordo de una nave espacial, creía que podía ser capaz de accionar sólo con la fuerza de su pensamiento la instalación de regadío del campo de golf del Bel Air Country Club, y estaba convencido de poder sanar cualquier enfermedad, desde un resfriado común hasta los dolores más molestos, con sus poderes de curandero. A Marty le contó que el canto de un pájaro se había transformado en la voz de Cristo, y si las circunstancias hubieran sido otras sus amigos habrían tenido la tentación de ingresarlo de urgencia en un hospital psiquiátrico, pero la razón les decía que no se trataba más que de un nuevo capricho que pronto pasaría, tal y como en el pasado se había vuelto loco con tonterías como aquéllas".domingo, 30 de enero de 2011
Camino de Damasco (1965)
"¿Tú también ves lo que estoy viendo yo?", preguntó Elvis con una voz que no era más que un susurro. Miré atentamente. "¡Es la cara de Stalin! ¡Ahí arriba!".
Por mucho que intentara percibir otra cosa diferente, era innegable que allí, en el cielo, estaba la cara de Stalin.Antes de que pudiera responder, la nube giró sobre sí misma, cambió de forma y dimensión y la imagen se fue desvaneciendo lentamente hasta desaparecer. Sabía que habíamos sido espectadores de algo verdaderamente extraordinario, y me giré hacia Elvis para decírselo, pero cuando lo hice enmudecí al ver la expresión de su rostro: miraba fijamente la nube, con los ojos abiertos de par en par y una expresión de completa maravilla. Es imposible describir el aspecto de Elvis... pero su expresión es la misma que se encuentra descrita tantas veces en la Biblia o en otros textos religiosos: era la expresión de alguien que acaba de recibir el bautismo o que acaba de convertirse. (...)
sábado, 18 de julio de 2009
Paranoid
"La segunda experiencia resultó mucho más interesante, aunque estemos en desacuerdo con toda clase de experimentación que, como ésta, provoque daño a especies vivas. (...) Se eligieron grupos integrados por petunias, calabazas y caléndulas. El primero de ellos escuchó música clásica durante ocho semanas. Los resultados fueron sorprendentes. No sólo crecieron más de lo habitual, sino que desviaron sus tallos en dirección a los altavoces. Una de las calabazas llegó a enroscarse amorosamente alrededor del bafle, como si quisiera abrazarlo. Sin ninguna duda, estaban demostrando su sensibilidad ante Bach, Schubert, Brahms, etc. Por el contrario, el resultado obtenido con el segundo grupo, sometido al rock, fue calamitoso. Durante los primeros siete días, se les hizo escuchar material grabado con temas de Pink Floyd, Yes y otras bandas de rock sinfónico, sin obtener reacciones definidas. Para la segunda semana, se seleccionaron estilos de rock más duro. Varias horas diarias de Jimmy [sic] Hendrix y Led Zeppelin, mataron a las caléndulas al cado de diez días y enloquecieron a las petunias, las que, durante el primer período, crecieron desmesuradamente altas, desarrollando hojas excesivamente pequeñas. Las calabazas se mostraron más precavidas, intentando alejarse en dirección contraria a los altavoces".
"Lo que voy a confesar en este momento, nadie lo creerá y pensará que es ciencia y ficción: Cuando se termina el master de una grabación, esa matriz es llevada a una sala secreta a la que el público no puede tener acceso. Es colocada sobre un altar orientado hacia el norte, con un círculo dibujado en el suelo. Trece personas, especialmente seleccionadas, invocan al *Colban*. Imponen sus manos y llaman a los demonios, ordenando a sus *príncipes* para que aparezcan. Se realiza la invocación a *Rija*, príncipe del satanismo, para que ordene a los demonios para que vayan con cada disco o cassette hecho desde ese master. Este ritual se efectúa con cada disco de las grandes compañías; de ahí la propagación y el éxito mundial del rock (...). Esa música no es producida para hacer dinero, pues *ellos* no tienen necesidades económicas, ya que dominan muchos mercados: ¡son los dueños de todo el dinero!. *Ellos* lo producen para controlar la mente de las personas".
miércoles, 17 de septiembre de 2008
Never trust a hippy
¿Dónde ha estado la redacción de Mondo Cane este verano?, se pregunta la España de bien. Pues de conciertos, queridos amigos. Dónde íbamos a estar con estos calores.
Nuestro periplo comenzó pronto, pero bien pudo iniciarse antes. Porque allá por el ya lejano junio nos enteramos de que Tom Waits iba a actuar en nuestro poblacho, cosa que nos importaba más bien poco hasta que el dottor Pirracas, siempre a la última en tendencias musicales gracias a que a estas alturas sigue comprando el Heavy Rock, nos informó de que Scarlett Johansson había grabado un disco de covers del señor Waits. Y cuando vimos que las entradas del show salían a 200 eurodólares por barba, rápidamente hicimos la ecuación y supusimos que el abultado precio se debía a que el viejo llevaría consigo a la hinchadísima actriz para que ésta practicara al menos una fellatio a los asistentes. Con tal esperanza intentamos hacernos con unos billetes, pero cuando la señorita de la taquilla nos informó de que en el precio no se incluía práctica sexual alguna el licenciado Ventoleras espetó sabiamente una frase esquilmada a su señora madre -“a robar a Sierra Morena”- y decidimos dedicarnos a actividades más populares. Seguimos, eso sí, a distancia la tournée, y cuando en pensando en los dineros pagados por los gafipastas nos enteramos de que en el evento celebrado en Barcelona había habido problemas de sonido durante más de media hora supusimos lógicamente que aquello habría provocado una feliz reedición de la Semana Trágica de 1909. Pero no, amigos, para nuestra maravilla la gente incluso aplaudió, lo que nos dio nuevamente una pista de la flojera de espíritu insuflada a Catalunya en estos últimos años.
Nada de todo esto, evidentemente, sucedió en el capital concierto que ha cerrado nuestro periodo estival, el antológico que ofrecieron los Sex Pistols en la capital patatera. Antes habíamos visto, si no recordamos mal, a Franco Battiato nuevamente, y a Neil Young, y a Bob Dylan varias veces, e incluso tenemos un vago recuerdo de haber pasado unos muy agradables días en un festival playero lisboeta que estuvo así como muy bien. Pero de esto no les contamos mucho porque ya hemos dedicado a todos ellos páginas y páginas en momentos anteriores de Mondo Cane. Y decíamos que mientras Celtiberia se sumergía en esos conciertos de rock para señores mayores que iba dando el huracán Bruce Spín-Stín por la piel de toro, volvimos a hacer los bártulos y nos largamos a Patatoland para ver a Johnny Rotten enfrentándose a la rebelión de las masas.
Y se rebelaron, qué duda cabe, o al menos las más descerebradas. La que se montó en las campas de Mendizabala ya la hemos contado por algún lado, o sea que les remitimos a este bonito link donde pueden ustedes leer una apasionada crónica del antológico mogollón. Nuestra conclusión es la misma que ya teníamos antes del show: que el punk del 77 ha sido la única cosa medianamente inteligente que ha pasado en la historia de la cultura popular desde la edición de Blonde on blonde (sea hecha la salvedad de la publicación de Selfportrait, pero eso sería otra historia) pero que nadie se ha enterado de nada. Y esto de ver a varios miles de personas lo suficientemente irritadas porque Johnny hace un chistecillo local como para darle un hostión de cuidado demuestra que la gente, definitivamente, es muy paleta. Qué le vamos a hacer, Johnny: ya te decíamos que nadie se ha enterado de nada, y el único movimiento popular que parecía agitar un poco el conformismo del personal se ha convertido definitivamente en un reducto de cazurros. Horreur.
El largo y cálido verano. Mañana, eso sí, comienza una nueva etapa porque, como viene siendo habitual, Mondo Cane hace el petate y se va a pasar un par de semanas a DonostiaSanSebastián a ver cómo va ese festival celebrado en el incomparable marco incomparable. Que esperamos salga mejor que el cartel anunciador, que no entendemos por qué tamaño esfuerzo en hacerlo cada año más feo. ¿Guiño cómplica hacia la mafia rosa, cada vez más extendida por los callejones donostiarras? ¿Mensaje subliminal que confirma esa leyenda urbana de que nuestro prócer Odón Elorza va a poner por fin en marcha un festival de aizkolaris asesinos en la Plaza de la Constitución? Pues no lo sabemos, pero de momento nuestro balance es uno solo: el cartel de este año es más feo incluso que el del anterior, que ya de por sí daba un poco de tirria.
Pero estas frívolas consideraciones estéticas no deben llevarnos a equívocos: tra
s tantos años echando pestes por el cariz neo-oenegero-yonkichic que estaba adoptando la cosa, por fin nuestros estimados dirigentes festivaleros se han decidido a hacer un par de ciclos para gente a la que le gusta el cine. Esa misma siempre ausente de la cita donostiarra. La calidad del dedicado al cine negro japonés está fuera de toda duda ya que la ha pergeñado en la sombra nuestro siempre admirado amigo Carlos Aguilar; del centrado en la magna obra monicelliana mejor ni les hablamos porque va a ser arrollador. Y eso pese a que la redacción de Mondo Cane ha trabajado duramente en él, y como muestra quedan un par de capítulos salidos de nuestra siempre grácil pluma en el libro que acompañará a la retrospectiva. Que por cierto nos lo ha dado esta misma mañana nuestro editor y ha quedado muy bien, o sea que les animamos desde ya a comprarlo o, viendo que no nos llevamos un duro de derechos de autor, al menos a piratearlo en su biblioteca más cercana. No nos queda sino mantener bien altas las expectativas, sobre todo porque mientras el personal menos ilustrado se estará pegando de bofetadas para ver el nuevo horror de Woody Allen o la nueva flor ojetera de Kim-Ki-Duk, nosotros nos lo vamos a pasar chachi disfrutando de cintas capitales como Un borghese piccolo piccolo y L'armata Brancaleone en unas salas desiertas. Y tanto que nos alegramos.
Pero todo esto será mañana, cuando los miembros de Mondo Cane recojamos nuestras acreditaciones y volvamos a la rutina de quedarnos sobados en los cines e intentar arrimarnos a alguna destrozona gracias a esa fascinación inmediata que provoca en las intocadas señoritas donostiarras llevar algo colgado al cuello en fechas festivaleras. Hasta entonces, solo nos queda enmendar un error: hace unos meses, llevados por el fervor de ver nuestra gloriosa enseña nacional enfrentada a los hijos de Beria en una semifinal futbolera nos dejamos arrastrar por el ímpetu rojigualda y titulamos erróneamente uno de nuestros fascinantes textos con un "¡Que nos devuelvan el oro de Moscú!" que hoy en día nos causa inmenso bochorno. Cuando el otro día leímos en la prensa socialdemócrata que el gobierno ruso había decidido por decreto ley establecer en los manuales escolares que Stalin "fue el más exitoso gobernante ruso del siglo XX" y que sus asesinatos masivos fueron "medidas necesarias, aunque excesivas, para mantener la disciplina" comprendimos cómo tanta propaganda antisoviética promovida por Rafael Arias Salgado había terminado laxando nuestras neuronas e, intentando enmendar nuestra injusta valoración hacia nuestros hermanos caucásicos, pusimos rápidamente un telegrama al Komintern solicitando nuestras más sinceras disculpas al mismo tiempo que recomendábamos fervientemente a los servidores del proletariado la retirada de la extemporánea consideración "aunque excesivas" del libro infantil. Dicho esto, y como tan sabiamente enunció nuestro admirado Iósif, "en el ejército ruso hace falta más valor para retirarse que para avanzar", por lo que estos mujiks se van a bandearse con las hordas cántabras. Ciao bambinos.
sábado, 28 de junio de 2008
¡Que nos devuelvan el oro de Moscú!
s a la sombra que estamos sufriendo en Lavapiés. Menos mal, decimos, porque el resto de los acontecimientos veraniegos no está posibilitando la dignidad humana. Si un día se nos muere Dino Risi, al siguiente van y nos dicen que El coloso no es de don Francisco de Goya y Lucientes. La posmodernidad avanza con pasos de ídem y Mondo Cane hace lo posible por resisitir heroicamente sus embates. Pero no siempre es sencillo, aclaramos.
respetable edad, hizo un amago de apuntarse atraido por la tentación de haber visto en su juventud una oscura copia en Beta de Ilsa, la tigresa de Siberia, pero su atención rápidamente se distrajo hacia la nueva manifestación que nos arrolló por la calle, y que haría la número 3). Como tontos, allí nos fuimos animados por las banderas de la CNT que en ella se ondeaban, y a estas alturas seguimos sin saber qué es lo que se reclamaba, pero sí les podemos decir cuál era el grito estremecedor de los manifestantes: "a por ellos, oé, a por ellos, oé oé oééééééé". ¿La CNT arropando a la selección nacional? Pues quién sabe, pero viendo la que está cayendo por Madrid con la Eurocopa lo vemos muy posible.viernes, 16 de mayo de 2008
Mondi lontanissimi
Huelga decirles que entre nuestro franquismo irredente y nuestra querencia por asistir a cosas por el jepeto no tardamos en ubicarnos en el marco incomparable. Superamos inc
luso la tirria que nos da ver estas cosas en el Kursaal donostiarra, ese lugar que te fuerza a asistir a conciertos en los que está rigurosamente prohibido fumar, beber e incluso levantarse. Las situaciones bizarras que hemos tenido que vivir en tal auditorio rozan lo paranoico: el licenciado Ventoleras recordaba cómo en aquella gira en la que Lou Reed iba acompañado por una banda que sonaba como una locomotora descarrilando (eran otros tiempos -o tempora, o mores, que decían los latinos- y todavía no hacía tai-chi sobre el escenario para rubor de sus seguidores) llegó a ser agredido físicamente por una señorita azofaifa de uniforme imposible al levantarse para bailar con una destrozona en una esquina del pasillo lateral.Menos mal que la presencia de Battiato es suficiente para superar incluso estas tristes contingencias posmodernas. Ni idea teníamos de las órbitas por las que circularía el buen Franco a estas alturas: no recordamos ya la de veces que le hemos visto live and in person y la estructura de los shows nunca ha tenido que ver lo más mínimo una con otra. Pero en fin, qué importa el asunto: tras el triste fallecimiento de Battisti, sólo el Dylan y los Stones (cuando tienen buen día, cosa que no les sucede desde el 99) tienen un repertorio tan demoledor como el tío Franco. Y eso siempre es un punto de partida de confianza.
Miren ustedes que todo aquello podía haber terminado muy mal, porque al entrar en el recinto comprobamos algo alarmante: Battiato venía acompañado por, atención, dos bandas de jovenzuelos veinteañeros como grupos de apoyo. La primera, masculina, se acercaba a una especie de Franz Ferdinands sin dinero para comprarse ropa ni hacerse un corte de pelo chic. Cosa, por otra parte, de agradecer. Lo de la segunda, de féminas, no tenía nombre: venía a ser algo así como un triste grupo emo-core vestido cual musas del prerrafaelismo afectadas por algún tipo de retraso mental (esa moda de cantar con las patitas torcidas debería comenzar a ser punible por lo criminal). Dentro de este conjunto, sólo nos quedaba el consuelo de ver un piano de cola a un lado y de saber que tarde o temprano saldría a escena Manlio Sgalambro a decir algo sensato.
Pero que no cundan alarmas, estimados lectores, que con estos mimbres Battiato te teje unos cestos descomun
ales. El concierto alternaba momentos de voz y piano con temas guitarreros que nos pusieron los pelos como escarpias. En viendo esto, sólo cabía esperar un setlist demoledor y, evidentemente, así lo fue. Si con el piano Battiato se soltó con temas menos populares absolutamente exquisitos, las guitarras reservadas para los greitesjits terminaron sonando bien pese a la abundancia de niñatos y aquello fue un exceso de repertorio descomunal. En efecto: en apenas diez minutos habíamos caído rendidos ante el desbordamiento battiatesco y ya hasta los tres temas que se marcó en castellano nos sonaron a gloria.Quién nos iba a decir que entre tanto derroche Battiato ha terminado por incluir en el repertorio fijo varios asuntos que nadie en su sano juicio podría esperarse y que nos alegraron sobremanera, como la apabullante Nómadas, una rescatada Prospettiva Nievsky y dos o tres versiones de ese disco que nadie aprecia pero que en Mondo Cane consideramos una obra excelsa de la música contemporánea, FLEURs -junto a Selfportrait uno de los poquísimos discos de versiones que no dan vergüenza ajena-. Y es que a estas alturas escuchar en directo un tema de Fabrizio de André o ese Ruby tuesday arollador (¡con cuatro guitarras eléctricas al mismo tiempo!) es mucho más de lo que nadie nos puede ofrecer en un escenario a estas alturas, qué duda cabe.
Y en fin, que entre tanto derroche sentimental incluso encontramos un momento para recordar con añoranza uno de los mejores conciertos que jamás hayamos visto. Fue de Battiato, de quién si no, y en los jardines de una villa barroca perdida en un remoto lugar de la campiña luccese que ni tan siquiera figuraba en los mapas. Tras dar más vueltas que un loco, conseguimos dar con ella y sentarnos en el prado bajo la noche estrellada toscana a ver qué nos deparaba la velada. A priori no lo sabíamos muy bien: hacía quince años que no lo veíamos en concierto, Battiato regresaba de sus titubeantes retiros espirituales en Asia central y ni sabíamos por qué órbitas celestes estaría circulando a esas alturas. Nuestro estupor creció al ver que la banda de apoyo la conformaban un piano, un contrabajo y un asexuado señor que hacía las veces de soprano. Pero en apenas unos segundos nos dimos cuenta de que lo que allí íbamos a vivir superaría con creces lo imaginable, y así fue. Sólo podemos contarles, queridos lectores, que en el segundo tema nos giramos hacia una querida colaboradora de Mondo Cane que nos acompañaba en tal acontecimiento (y que estaba, por cierto, arrebatadora aquella noche) y la descubrimos soltando unas breves lágrimas de felicidad.
Y como Pirracas se está poniendo un poco pesado para no cerrar el asunto con este exceso de repostería, no podemos evitar concluirlo con esta cosa, punto cumbre del camp local y que, la verdad, siempre nos ha hecho mucha gracia.
lunes, 10 de diciembre de 2007
Y cuando nos estábamos quitando...
Miren que hacemos esfuerzos vanos por ir quitándonos de estas cosas. Hasta un freudiano artículo sobre lo que nos costaba matar al padre pese a los intentos que hace éste porque lo acuchillemos violentamente les dejamos por estas poco consistentes páginas. Pero era de prever: escuchar este I'm not there y volver a caer en antiguos vicios ha sido todo uno.Pereza daba un poco. ¿Otro disco de versiones de Dylan? El licenciado Vidrieras, a vuelapluma, calcula que acumulamos unos cuarenta o cincuenta por la redacción. Y eso por no hablar de las recopilaciones que nos hemos ido haciendo por internet: tenemos por aquí una a la que pomposamente hemos bautizado Nobody sings Dylan like Dylan que va ya por los veinte volúmenes. Pero claro, al final hemos terminado agenciándonos I'm not there. No en el Carrefour de la esquina, como nos hubiera gustado, porque la edición española lleva ya un inexplicable mes de retraso sobre la americana. Sino que, aprovechando las indudables ventajas de la globalización, que no entendemos por qué critica tanto el personal con lo que mola, nos lo hemos agenciado en Estados Unidos, que con la devaluación del dólar nos sale más baratito y siempre sirve para chulear un rato.
Y mira por dónde que nuestras mejores perspectivas se han terminado cumpliendo. Si es que no hay nada como dejar hacer a quien sabe. Y cosa rara en el mundo de Dylan, por una vez se ha hecho. Así de fácil. Coja usted un par de bandas residentes presentables, los improvisados Million Dollar Bashers (esto es, Tom Verlaine, Tony Garnier, medio Sonic Youth y un par de amiguetes) y unos Calexico que van a terminar molando. Y llame a gente que se haya escuchado un par de discos de Dylan en su vida. Y ya está: van a saber lo que se tocan, van a elegir temas decentes y no será el enésimo repertorio de caballos de batalla peleones con el que se arranca cualquier grupo de bar con ínfulas. Que es lo que suele poblar este tipo de cosas.
La elección del personal ha sido lúcida, en efecto. Por allí circulan Eddie Vedder, Los Lobos, Willie Nelson, Ramblin' Jack Elliott y hasta Yo La Tengo. Y claro, el agitamiento del caleidoscopio dylaniano da lugar incluso a moment
os de ese sonido mercurial por el que tanto y tan sensatamente clamaba el Dylan de lengua afilada y botas cubanas de chúpame-la-punta de los sesenta. Como previsible, ese eje que va desde Bringing it all back home hasta Blonde on blonde marca la línea, pero lo potente se esconde en el raspado de las páginas más oscuras del libro de canciones del vieho, que por momentos se acerca a lo milagroso. Así, de sopetón, no nos queda otra que señalar el antológico Pressing on que se marca precisamente John Doe, el fundador de aquella banda de punk seminal que tanto nos gustaba, X. A Mark Lanegan haciendo un tema que parece escrito para él, Man in the long black coat. Y si pensábamos que el acercamiento tex-mex de Willie Nelson y Calexico iba a caer en la abierta bizarrada, quienes hemos caído y de rodillas hemos sido nosotros escuchando ese Señor (tales of yankee power) que nos ha dejado fascinados. No todo podían ser alegrías, claro: la inclusión de ese clon estomagante de Falete que atiende al nombre de Antony and the Johnsons nos ha creado un exceso de edulcorante que tendremos que pagar durante semanas. Y es que su elección de tema habla por sí misma: Knockin' on heaven's door. Pero carajo, no importa: si es que hasta lo peor del disco mola. Que alguien tenga pelotas para rescatar temas como I can't leave her behind o As I went out one morning resulta ya tan apetecible que incluso el resultado podría pasar a segundo plano.Y como estamos espitosos, mejor no les hablamos de ese otro gadget dylaniano, el DVD The other side of the mirror que nos tiene arrebatados desde que nos hicimos con él hace unos días. Porque entre esto y el pack de Emmanuel negra, con una Laura Gemser como para abandonarse al onanismo compulsivo, andamos disparados. Que no todo van a ser codornices en la vida de esta redacción.
No podemos concluir sin confesarles dos cosas. La primera: el otro día Pirracas bajó a comprar tabaco al Donato, la tasca de borrachuzos que se encuentra debajo de nuestra redacción, y se encontró con Patti Smith echando una birra. La segunda: mañana comienza nuestro periodo de primitivización navideña con una incursión al Bernabeu para ver enfebrecidos ese Real Madrid-Lazio donde esperamos echar doble llave al sepulcro del Duce. Estamos ya dominados por el orgullo blanco. Y entre eso y que la semana que viene nos vamos a trincar un cocido que no se lo salta un gitano en Malacatín bajo el busto de José Antonio que domina el comedor, pensamos que al final incluso este diciembre va a terminar molando.
jueves, 4 de octubre de 2007
Matando al padre...
Se ha puesto a la venta hoy una caja titulada Dylan que supone la enésima exhumación del apabullante legado dylaniano, y que, como viene preñadita de fotitos y paridas varias, Mondo Cane ha corrido a comprar, claro. Por aquello de nuestras tensiones compulsivas, cada vez más manifiestas en un acelerado síndrome de Diógenes que afecta a todo lo referente a la obra del viejo. Pero, como siempre, ya nos estamos comenzando a arrepentir.La principal novedad de este recopilatorio es que (glabs) su selección de temas ha sido realizada por los propios fans del judío, que han acudido en masa a su web para votar por sus canciones favoritas. No sabemos muy bien quién fue el iniciador de esta corriente a favor de la democracia que inunda el planeta últimamente, pero suponemos que la justicia poética pasará factura algún día a estos Tocquevilles de medio pelo. Porque miren, que esta confianza ciega en la Humanidad se aplique al ámbito político, pues nos da un poco igual, pero que se lleve a cabo con el magno legado de Dylan… ¡No, hija, no! Por ahí sí que no pasamos, que hablamos de cosas serias.
Recoger las lazarianas historias de pérdida, redención y supervivencia del colosal autor de New morning en una especie de greatest hits elaborado como la visita organizada a un parque temático es ya un planteamiento cuanto menos detestable. Pero hacerlo, además con esta pereza, esta falta de imaginación y esta ausencia de criterio clama al cielo, amigos.
Tres cedeles organizados con el más previsible esquema: 1) Dylan golden age en plena oleada surrealista y anfetamínica 2) Bonitas canciones de amor de los 70 que suenan mucho en los hilos musicales últimamente 3) Dylan también hizo buenos temas a partir de los ochenta, no se piensen ustedes. La selección de los fans habla por sí sola. Están, claro, Like a rolling stone, Blowin’ in the wind y hasta ese estomagante tema más propio del último Elton John, Make you feel my love. Pero no están, claro, Is you love in vain?, Covenant woman o Every grain of sand ni tantas otras. Ni tan siquiera Idiot wind, que debió parecer demasiado larga a estos democráticos votantes.
El Doctor Calcapeitos lleva media mañana haciendo pucheros, melancólico, ante nuestra gastada copia de Biograph. Eran otros tiempos, Dylan no le importaba a nadie y el viello, para afrontar un imposible recopilatorio significativo de su obra, todavía se esforzaba en rescatar joyas ocultas de su catálogo e incluso en ofrecer luminosos textos para ilustrarlas. Pero todo aquello acabó con la publicación de Time out of mind: ante n
uestro estupor, el planeta entero se declara de la noche a la mañana fan de Dylan de toda la vida y pasa a declamar a los cuatro vientos su admiración por el bardo de Minnesota desde los tiempos más remotos. A nosotros nos lo iban a contar, que recordábamos cómo unos meses antes el personal se pegaba por cosas tan capitales como conseguir una entrada para el ZooTV Tour o reservar en las tiendas el último disco de Lenny Kravitz mientras sonreía sardónicamente porque le contábamos que en unos días nos íbamos a casacristo a ver a Dylan. “¡Ah! ¿Pero todavía sigue tocando ÉSE?”, solían respondernos con una malsana ironía. Todo daba igual, porque tras marcarte varios cientos de kilómetros y gastarte la paga extra de Navidad, sabías que el vieho se la iba a jugar, improvisando, cambiando de repertorio cada noche y ahí, en cuanto te despistabas, te colocaba un Gates of Eden o un Obviously five believers que te tiraban por el suelo.Ahora, reciclados todos en demócratas y dylanianos de toda la vida, nadie recuerda estas escenas y todo cristo parece dispuesto a comulgar con las ruedas de molino que nos planta el Dylan aprovechando los vientos favorables. La algarabía general montada con el aburridísimo Modern times no ha hecho sino confirmar lo que desde hace unos años íbamos intuyendo en los conciertos (convenientemente subvencionados con dinero público, of course) que en medio de una nube de pasotismo extremo se marca el Dylan por esta piel de toro, siempre tan dada a banalizar las cosas y a seguir a Vicente a la mínima ocasión. El vieho, que no es tonto, ya sabe que sólo tiene que esforzarse en los momentos agitados (a los periodos 1978-1983 o 1993-1997 nos remitimos) y, en los de bonanza, se dedica a replegar velas y recoger beneficios mientras todo a su alrededor se la sopla. Y nos condena, como siempre, a seguir viviendo de las pequeñas gotas de genialidad que nos sigue regalando. Que no son pocas, por fortuna: Theme Time Radio Hour suena de manera compulsiva en la redacción de Mondo Cane y nos sigue dando momentos de placer extremo. Ni les contamos lo que hemos disfrutado con No direction home y con Chronicles, pese a lo poquito que nos gusta leer. Y no queremos imaginar las lágrimas de felicidad que van a correr por nuestras encallecidas mejillas cuando salga a la venta ese The other side of the mirror cuya copia pirata en VHS tenemos ya quemada. Porque sí, las migajas de lucidez del viejo siguen siendo tan amplias que hasta en Dylan se han conseguido filtrar: ese arrebatador arranque del tercer disco con Blind Willie McTell y Brownsville girl supone, posiblemente, los 18 minutos más arriesgados y brillantes de los últimos diez años de su obra discográfica.
martes, 28 de agosto de 2007
I got nothin' / I got shit
En este constante debate de la sociedad contemporánea que es el de Posmodernidad vs. Neoprimitivismo, no es necesario señalar que Mondo Cane siempre se ha decantado por este último. Porque nosotros, menos posmodernos cualquier cosa. Por todo ello, nos hemos embarcado en la lectura del último libro de Paul Trynka, Open up and bleed, que parece va a ser desde ya biografía rrrefinitiva de Iggy Pop, ese último faro de lucidez que ilumina nuestra de por sí poco lúcida existencia.