Mostrando entradas con la etiqueta Der Klassenkampf. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Der Klassenkampf. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de agosto de 2010

El conde de Blangis es evidentemente Jesucristo

"No hay espectáculo tan dulce como la agonía de un cura"

Maurice de Guérin: L'affaire de "L'Âge dòr" (1931)

martes, 10 de junio de 2008

Ni un paso atrás

Aquellos que habían esperado con ansia ese "sueño de libertad" se sentían mucho peor cuando el encuentro resultaba decepcionante, lo que ocurría con frecuencia. (...). Las mujeres que los visitaban tenían sus propios problemas de que hablar. Por lo general, habían sufrido mucho a causa del confinamiento de sus maridos. No podían encontrar trabajo, ni estudiar, y a menudo tenían que ocultar su matrimonio a los vecinos (...). Los contactos con el mundo exterior siempre se complicaban con los deseos, las expectativas, la anticipación. Herling también escribe que "cualquiera que fuera la razón de la decepción -que la libertad vivida durante tres días no hubiera estado a la altura de la expectativa idealizada, o que hubiera sido muy corta, o que, al desvanecerse como un sueño interrumpido, dejaba un vacío nuevo en el que ya no había nada que esperar-, los prisioneros siempre se quedaban silenciosos e irritables después de las visitas, sin mencionar a aquellos para quienes la visita se había transformado en la triste formalidad de la separación y el divorcio. Krestynski en dos ocasiones intentó colgarse después de la visita de su esposa, que le pidió el divorcio y su consentimiento para dejar a los hijos de ambos en un orfelinato municipal". Herling, que era polaco, "nunca esperó una visita" en el local de encuentro, sin embargo apreció la importancia del lugar con más claridad que muchos escritores soviéticos. "Llegué a la conclusión de que si la esperanza puede ser el único significado que queda en la vida, entonces su realización puede a veces ser un tormento insoportable".

Anne Applebaum: Gulag

lunes, 9 de junio de 2008

Por el proletariado todo, menos tratarlo

"Con este diálogo llegamos a la taberna, y allí nos sentamos, pidiendo Lopito para sí aguardiente de Chinchón, y yo tintillo de Arganda. No estábamos solos en aquella academia de buenas costumbres, porque cerca de la mesa en que nosotros perfeccionábamos nuestra naturaleza física y moral, se veían hasta dos docenas de caballeros, en cuyas fisonomías reconocí a algunos famosos Hércules y Teseos de Lavapiés, de aquellos que invocó con épico acento el poeta al decir:

Grandes, invencibles héroes,

que en los ejércitos diestros
de borrachera, de rapiña,
gatería y vituperio,
fatigáis las faltriqueras,
las tabernas y los juegos"


Pérez Galdós, don Benito: El 19 de abril y el 2 de mayo