miércoles, 26 de diciembre de 2007

Vado verso il popolo

Estatua de tu propio pensamiento,
Roma de piedra firme y enrasada
sobre el calor del alma edificada,
dura al reposo y noble al movimiento.
Pulso, atadura, corazón y aliento
que vuelves a la Italia levantada
la majestad ardiente de la espada,
la luz de trigo y la sazón del viento.
Salvaste las columnas del olvido,
tierras y tiempo dilató su suerte
donde aprende la Historia su sentido.
Vértice de tus días, roca fuerte
y sangre fraternal, donde ha vencido
la apariencia del mármol a la muerte.

Dionisio Ridruejo: A Benito Mussolini
Revista Vértice, junio de 1939
Feliz Navidad, amigos de Mondo Cane.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Doble llave al sepulcro del Duce

Menos mal que en estos tristes tránsitos de escribir un libro destinado a vender tres ejemplares Mondo Cane encuentra un pequeño refugio en la autoprimitivización. Un proceso siempre agradable que comenzó ayer, como no podía ser de otra manera, en el mejor sitio para ello: el Santiago Bernabéu. Porque nosotros siempre antecederemos la estética a la ética. Como las señoritas de aquí abajo, más o menos.

Es inevitable pisar Italia y caer rendido ante el mundo futbolero. Algo así le sucedió a Mondo Cane tras su paso por las campiñas laciales y toscanas. No se sabe muy bien por qué, aunque Pirracas siempre defiende una teoría: al final, el deporte es el único reflejo más o menos comprensible de un país sumamente incomprensible, y en consecuencia una manera más de quedar fascinados ante la dietrologia, esa ciencia estrictamente italiana que analiza exhaustivamente lo que se esconde tras los hechos evidentes. Aparentemente. Porque no, en Italia nada es evidente y hasta los acontecimientos sociales más nimios, como en la caverna de Platón, son sólo un reflejo de la realidad y esconden siempre una larga serie de tramas ocultas cuyo deshilachado nos termina llevando a una oscuridad rayana en el misterio absoluto. Y aquí se traza un campo de acción que parte del asesinato de Aldo Moro, pasa por Alí Agca y desemboca en el dietro le quinte de cualquier equipo del Scudetto. Porque éstos siempre tienen unas ramificaciones más que confusas, especialmente en el ámbito político.

Pisar Italia y hacernos tifosi del Livorno fue todo una. Claro, si es que es un equipo obrero y portuario formado por los estibadores de una ciudad toscana condenada al ostracismo más absoluto tras la crisis industrial. No sabemos muy bien si este dato irritará mucho a nuestro anónimo lector neoliberal, al que tanto echamos de menos después de que se enfadara con nosotros y no haya vuelto a escribirnos. Pero es que el Livorno es el único equipo que se permite cosas como pertener en bloque al Partido Comunista Italiano, hacer la pretemporada en Cuba o celebrar cada gol con el puño izquierdo en alto. No es nada particular: como bien dice nuestro admirado Enric González, ser de Livorno y comunista es como ser de Osaka y tener los ojos rasgados. Y encima lo hacen con gracia. Ya se sabe que en el fútbol italiano los insultos están prohibidísimos: pues bien, los socios del equipo han solucionado el problema salomónicamente. Al sacarse el abono anual pagan un dinerito extra y así tienen ya una bolsa para pagar las futuras multas y poder insultar a Berlusconi tranquilamente durante toda la temporada. Y sobre todo, en la Toscana nos enamoramos de Lucarelli, ese hijo de un estibador livornés que rechazó una oferta descomunal del Cavaliere para irse a jugar con su equipo a la Segunda división y subirlo épicamente a Primera. Todo aquello dio lugar a un libro autobiográfico, Quedaos con los mil millones, que el alcalde de Livorno no tardó en apoyar como lectura obligatoria en Secundaria. Cosas que sólo pueden pasar (y pasan) en Italia.

Por todo ello, el presenciar un partido en el Bernabeu contra la Lazio era plato más que jugoso para estos sus redactores. No hace falta que les recordemos que el principal tifoso de la Lazio era el mismísimo Duce: en su honor bautizaron a la escuadra como Societá Sportiva, por aquello de anteceder estas entrañables iniciales a su nombre. Del resto ya se sabe: un equipo que ha sido controlado durante décadas por pistoleros (y no es algo metafórico), que celebra sus goles con el saludo romano, que corea la entrada de su presidente al palco coreando un "Duce, duce" y la de sus jugadores al campo con un "Mussolini, Mussolini" que te hiela el espinazo. La inevitable visita al Stadio Olimpico de Roma, sede de sus risibles partidos, es algo que no puede dejar de impresionar al más pintado. La entrada, inevitablemente por el Foro Mussolini, se abre con una placa de mármol gigantesca con la frase del Duce "Tanti nemici, tant'onore", a la que siguen otras, también monumentales, que celebran las principales victorias bélicas del fascismo. La última, eso sí, es la de Eritrea: a partir de ahí se suceden unas placas en blanco, preparadas para inscribir más plazas triunfales, aunque ya se sabe que a partir del 43 aquello fue como fue. Y ya no hay más nombres de batallas, aunque sí sobrevive en el estadio un monolito con el nombre de Mussolini. Donde la mayor parte de hinchas de la Lazio le rinden tributo domingo sí domingo no.

En fin, que ya nos perdonarán el tono apocalíptico del texto. Porque en el fondo no es para tanto. ¿Despierta la bestia incubada en el calcio? Pues igual, pero Mondo Cane lo duda: al final, Italia es siempre Italia y los dramas nunca terminan siendo más que melodramas que se saldan a ritmo de opereta. Si Le Pen ha anunciado en varias ocasiones que cuando gane las elecciones en la selección francesa no jugarán negros ni moros, en Italia todo es diferente, claro. Y aún se recuerda cuando le preguntaron a ese señor tan desagradable, Ignazio La Russa, líder de la posfascista Alianza Nazionale, sobre el triunfo de su equipo, el Inter, con diez extranjeros en su alineación. Su cazallosa respuesta fue la previsible: "con tal de que ganen, pueden ser todos extranjeros, negros y comunistas". Porque al final Italia es siempre una continua reedición de Don Camillo y Peppone.

Sirva toda esta verborrea para decirles, estimados amigos, que ayer la redacción de Mondo Cane se lo pasó chachi en el Bernabeu viendo cómo les dábamos por el riau a estos seguidores del Duce de medio pelo que se pasaron los noventa minutos haciendo el saludo romano sin la más mínima muestra de cansancio. El resultado, 3-1, vino a ser algo así como la reedición de esta entrañable estampa de Piazzale Loreto que les dejamos aquí al lado. El licenciado Ventoleras, por cierto, se está poniendo un poco pesado porque quiere contarles que la escena fue presenciada live and in person por un antiguo suegro milanés que tuvo en sus años de mocedad. Pero que lo cuente otro día, mejor, que luego se pone melancólico y no da palo al agua. Y nos quedan 900 páginas por reajustar.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Y cuando nos estábamos quitando...

Pese al luto en el que se ha sumido esta redacción tras la muerte del gran Fernán-Gómez, Mondo Cane sigue encontrando motivos varios para la jacaranda. El último ha sido la edición de la brillante banda sonora de I'm not there, esa película biográfica de Bob Dylan de tintes cubistas que a estas alturas sigue sin fecha de estreno por aquí. Y luego nos la bajamos por intenné y resulta que somos unos piratas y estamos matando la industria, ya ven qué cosas.

Miren que hacemos esfuerzos vanos por ir quitándonos de estas cosas. Hasta un freudiano artículo sobre lo que nos costaba matar al padre pese a los intentos que hace éste porque lo acuchillemos violentamente les dejamos por estas poco consistentes páginas. Pero era de prever: escuchar este I'm not there y volver a caer en antiguos vicios ha sido todo uno.

Pereza daba un poco. ¿Otro disco de versiones de Dylan? El licenciado Vidrieras, a vuelapluma, calcula que acumulamos unos cuarenta o cincuenta por la redacción. Y eso por no hablar de las recopilaciones que nos hemos ido haciendo por internet: tenemos por aquí una a la que pomposamente hemos bautizado Nobody sings Dylan like Dylan que va ya por los veinte volúmenes. Pero claro, al final hemos terminado agenciándonos I'm not there. No en el Carrefour de la esquina, como nos hubiera gustado, porque la edición española lleva ya un inexplicable mes de retraso sobre la americana. Sino que, aprovechando las indudables ventajas de la globalización, que no entendemos por qué critica tanto el personal con lo que mola, nos lo hemos agenciado en Estados Unidos, que con la devaluación del dólar nos sale más baratito y siempre sirve para chulear un rato.

Y mira por dónde que nuestras mejores perspectivas se han terminado cumpliendo. Si es que no hay nada como dejar hacer a quien sabe. Y cosa rara en el mundo de Dylan, por una vez se ha hecho. Así de fácil. Coja usted un par de bandas residentes presentables, los improvisados Million Dollar Bashers (esto es, Tom Verlaine, Tony Garnier, medio Sonic Youth y un par de amiguetes) y unos Calexico que van a terminar molando. Y llame a gente que se haya escuchado un par de discos de Dylan en su vida. Y ya está: van a saber lo que se tocan, van a elegir temas decentes y no será el enésimo repertorio de caballos de batalla peleones con el que se arranca cualquier grupo de bar con ínfulas. Que es lo que suele poblar este tipo de cosas.

La elección del personal ha sido lúcida, en efecto. Por allí circulan Eddie Vedder, Los Lobos, Willie Nelson, Ramblin' Jack Elliott y hasta Yo La Tengo. Y claro, el agitamiento del caleidoscopio dylaniano da lugar incluso a momentos de ese sonido mercurial por el que tanto y tan sensatamente clamaba el Dylan de lengua afilada y botas cubanas de chúpame-la-punta de los sesenta. Como previsible, ese eje que va desde Bringing it all back home hasta Blonde on blonde marca la línea, pero lo potente se esconde en el raspado de las páginas más oscuras del libro de canciones del vieho, que por momentos se acerca a lo milagroso. Así, de sopetón, no nos queda otra que señalar el antológico Pressing on que se marca precisamente John Doe, el fundador de aquella banda de punk seminal que tanto nos gustaba, X. A Mark Lanegan haciendo un tema que parece escrito para él, Man in the long black coat. Y si pensábamos que el acercamiento tex-mex de Willie Nelson y Calexico iba a caer en la abierta bizarrada, quienes hemos caído y de rodillas hemos sido nosotros escuchando ese Señor (tales of yankee power) que nos ha dejado fascinados. No todo podían ser alegrías, claro: la inclusión de ese clon estomagante de Falete que atiende al nombre de Antony and the Johnsons nos ha creado un exceso de edulcorante que tendremos que pagar durante semanas. Y es que su elección de tema habla por sí misma: Knockin' on heaven's door. Pero carajo, no importa: si es que hasta lo peor del disco mola. Que alguien tenga pelotas para rescatar temas como I can't leave her behind o As I went out one morning resulta ya tan apetecible que incluso el resultado podría pasar a segundo plano.

Y como estamos espitosos, mejor no les hablamos de ese otro gadget dylaniano, el DVD The other side of the mirror que nos tiene arrebatados desde que nos hicimos con él hace unos días. Porque entre esto y el pack de Emmanuel negra, con una Laura Gemser como para abandonarse al onanismo compulsivo, andamos disparados. Que no todo van a ser codornices en la vida de esta redacción.

No podemos concluir sin confesarles dos cosas. La primera: el otro día Pirracas bajó a comprar tabaco al Donato, la tasca de borrachuzos que se encuentra debajo de nuestra redacción, y se encontró con Patti Smith echando una birra. La segunda: mañana comienza nuestro periodo de primitivización navideña con una incursión al Bernabeu para ver enfebrecidos ese Real Madrid-Lazio donde esperamos echar doble llave al sepulcro del Duce. Estamos ya dominados por el orgullo blanco. Y entre eso y que la semana que viene nos vamos a trincar un cocido que no se lo salta un gitano en Malacatín bajo el busto de José Antonio que domina el comedor, pensamos que al final incluso este diciembre va a terminar molando.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

El tiempo amarillo

Lo que son las cosas: si ayer esta su redacción pasaba la noche viendo en sesión doble El capitán Veneno y Yo soy Fulana de tal, esta tarde enchufamos la radio para escuchar las últimas noticias sobre la Cumbre Hispanoamericana y nos encontramos repentinamente diciendo lo mismito que decía Pepe Isbert cuando se tropezaba con su hija en la cama con Nino Manfredi: "Con lo contento que yo estaba... con la ilusión que yo traía...".

Y es que con la alegría que llevábamos en el cuerpo porque ayer poníamos punto final al primer borrador de nuestro libro codornicesco (750 páginas y edición en dos volúmenes, ahí queda eso), y al enchufar la radio nos enteramos de que se ha muerto el pobre Fernando Fernán-Gómez. Ya lo decía Totó en I soliti ignoti: non siamo nienti - sempre vano via i migliori - siamo soltanto di paso in questo mondo cane. Y todo eso.

Muchas cosas nos gustaría contarles de Fernando Fernán-Gómez. El licenciado Ventoleras está que no se aguanta las ganas de narrarles aquella vez en la que el único ácrata sensato conocido le dijo aquello de "muchas gracias, joven, es usted muy amable", pero se lo vamos a evitar. Total, poco queda por añadir a esas tan interesantes palabras que haciendo honor a su cargo le ha dedicado hoy Beatriz Rodríguez Salmones, portavoz del PP en la Comisión de Cultura del Congreso: "era un feo con un magnetismo tan grande en la pantalla que su imagen tenía mucha más fuerza que la de otros actores guapos". Su acertada disertación nos ha hecho comprender al momento la magnitud de la figura del polifacético personaje, qué duda cabe. Ante lo cual sólo les comentaremos una cosa: la redacción de Mondo Cane debe señalar que respeta completamente, pese al disgusto que nos hemos pegado, que ante el desolador panorama del cine español actual el señor Fernán-Gómez haya decidido morirse. Y es que, ¿qué iba a hacer el pobre ante una cartelera nacional como ésta que padecemos? Pues eso, diñarla y quedarse tan tranquilo. Y a la mierda. O a la mierda que nos vamos nosotros, porque viendo el plantel de actores tedio-progres, culturetas y sin saber hacer la O con un canuto que nos queda para suplir la ausencia... Pues eso, que el día que se nos mueran Manuel Alexandre y José Luis López Vázquez ya no sabemos qué películas vamos a ir a ver al cine.

En fin, estimados lectores, que esta redacción al completo acudirá mañana a la capilla ardiente del Teatro Español, no lo duden ustedes. Por unos momentos pensamos en concluir este breve texto redactando largas églogas sobre Bruja, más que bruja, sobre Yo la vi primero, sobre El anacoreta, Vida en sombras y todas esas películas que tanto nos gustan. Pero miren, se lo vamos a ahorrar, que sabemos les importarán bien poco nuestras disertaciones. Y optamos por dejarles aquí dos cosas que les resultarán indudablemente más gratas: los mejores títulos de crédito de la historia del cine (ríanse ustedes a carcajadas de Saul Bass) y en dos partes (aquí va la primera y aquí la segunda) la que es posiblemente la secuencia cómica más brillante de la historia del cine apañol. Y una vez vistas, no duden en reflexionar sobre las sabias palabras de la Sra. Rodríguez Salmones. Que dan para ello.

domingo, 18 de noviembre de 2007

Arbeit macht frei III

¿Hemos fallecido? ¿Ha llegado el Apocalipsis a la calle del Amparo? ¿Nos hemos ido a vivir a Venezuela con nuestro nuevo sonitono de Por qué no te callas para celebrar el ambiente de profundo debate político de la última Cumbre Hispanoamericana? ¿Hemos sucumbido enterrados bajo la montaña de libros que hemos ido adquiriendo estos últimos meses a módicos y moyanescos precios para intentar concluir nuestras investigaciones (verbigracia: ayer nos hicimos con Cartas a los celtíberos esposados de Evaristo Acevedo, Paco el seguro de András Laszlo y hasta las Memorias de Albert Speer, para que se hagan Vds. una idea de las simas abisales en las que nos movemos)?

Pues no lo sabemos pero posiblemente haya algo de todo esto en nuestra ultimísima situación laboral. Les dejamos aquí, como ya viene siendo habitual, una fotografía de uno de nuestros redactores en plena actividad para que tengan constancia de que seguimos vivos. En la instantánea, el licenciado Ventoleras explica a sus compañeros el que podría ser nuevo esquema del libro, con el añadido de 32 nuevos capítulos, la anexión de 14 subapartados y la refundición en 6 de 9 de los anteriores.

En fin, que seguimos vivos pero no sabemos por cuánto tiempo. Y es que hoy han saltado todas las alarmas cuando nos hemos descubierto a nosotros mismos riéndonos a mandíbula batiente mientras leíamos un capítulo de El baúl de los cadáveres, libro de Álvaro de Laiglesia que contiene un episodio titulado Sabina de Torrados en el que parodia la Sabela de Cambados del irritante regionalista gallego Adolfo Torrado. Que comenzaba de aquesta manera:

"La escena representa un pedazo de pazo. A la izquierda, una sardiña en una pecera. En un florero, unos grelos. En la chimenea, un puchero de caldo. En el gramófono, una muñeira. En el campo ladra un lacón. Sentada al amor de la lumbre, Sabina hace unas conservas"

No sabemos muy bien de la gravedad del asunto, pero mañana vamos a ir con carácter de urgencia al dispensario médico de la Seguridad Social sito en la calle de Tribulete porque comenzamos a pensar que, a punto de llegar a las 500 páginas, algo está comenzando a fallar en nuestro interior... Señor, ampáranos.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Arbeit macht frei II

La redacción de Mondo Cane ha decidido interrumpir la escritura de treinta o cuarenta folios sobre Mi adorado Juan, esa desconocida obra maestra de la screwball comedy alla española que vuelve a demostrar que Borzage era un mindundis al lado de los hermanos Mihura, para asomarse bien que fugazmente a estas páginas. No es para menos: nuestros estimados fans, alarmados, nos hacen llegar sus cuitas por nuestro estado de salud, dadas las cada vez más prolongadas ausencias de este su blog. Algunos se planteaban que quizás se deba a que estamos detenidos por haber sido nosotros, viendo nuestros últimos cometidos universitarios, los humanistas deshumanizados responsables de la masacre en el campus finlandés. Los más simplemente indagan sobre si hemos fallecido. Y sentimos defraudar las expectativas de nuestros lectores, pero no: nuestras constantes vitales siguen activas.
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O algo así, imaginamos, porque estamos que ni nos sentimos el pulso. Aquí les dejamos una fotografía de Pirracas y el lisensiado Ventoleras gozando hoy de sus cinco minutos de pausa para acudir al mingitorio. Calcapeitos, mientras tanto, nos comentaba que una vez, en la oscura noche de los tiempos, le parece recordar que se tomó una cerveza en una terraza, así como tan tranquilo y sin pensar obsesivamente en películas de Edgar Neville ni en la tortuosa filmografía de Enrique Jardiel Poncela. Pero no nos lo hemos creído, claro, e impasible el ademán nos encaminamos hacia las cuatrocientas páginas, sin levantarnos del ordenador más que para ver los ocasionales partidos televisivos del Madriz y, por supuesto, para no perdernos nuestra cita de los jueves con Gran Hermano, posiblemente el mejor programa que jamás nos haya ofrecido televisión alguna. Vamos lentamente adoptando un status de monjes guerreros, dedicados por igual a las armas y las letras, y mientras tanto el libro va adquiriendo ya vida propia, organizándose reestructurándose y sobre todo desgajándose de manera orgánica y casi sin decirnos nada. Como en la película aquella tan rara de Cronenberg del escritor yonki. En pocos días nos entrevistaremos con Mingote, Azcona y los herederos de Chumy Chúmez solicitando sus permisos para reproducir en él unos dibujitos y oiga, si nos lo dan todo va a quedar chachi piruli. Eso sí, si no fenecemos antes del 20 de diciembre, que visto lo visto igual no llegamos.
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Que no decaiga. Les adjuntamos un chiste de Chumy Chúmez que hemos localizado por las amarillentas páginas de un número de Hermano Lobo del año 73 que encontramos el otro día en el Rastro. Junto a un cartel que reza "Biarritz", una multitud de paletos, con boina, refajo y hasta varios burros, hacen cola en ante un cine donde se proyecta El último tango en París. Uno de ellos, irritado, grita a otro: “Es de Bertolucci. ¡Animal! ¡Qué va a ser de Antonioni!”.

viernes, 26 de octubre de 2007

Arbeit macht frei

Llevamos unos cuántos días haciéndoles llegar por varios cauces instantáneas obtenidas en la redacción de Mondo Cane que intentan mostrarles el ritmo de producción obtenido en estos días de redacción del borrador quasidefinitivo de nuestro próximo libro. Para que no se crean que hemos fenecido, más que nada. Ésta que aquí les presentamos la ha disparado hoy a las 17:43 el doctor Pirracas. Muestra al lisensiado Ventoleras sufriendo un goteo de plusvalía mientras intenta hilar un par de predicados de la página 435 del volumen. Con escaso éxito, todo hay que decirlo. Lo decimos por lo del hilado, no por lo de la plusvalía.
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Lo que más nos sorprende de todo este asunto es que Mondo Cane al completo se ha sumido voluntariosamente en un frenético ritmo castrense de ora et labora. Zenón de Citia ilumina con fervor esta triste redacción de la calle Amparo, muy entretenida gracias a la escucha compulsiva de unos cuantos vinilos de Triana que un alma caritativa ha tenido a bien traernos junto a algunos víveres para subsistir en este frenesí inspiracional. El libro, por cierto, está quedando chachi. Pero se lo garantizamos: o renegocian el convenio colectivo de los escritores o ésta es la última en la que nos pillan. Porque de seguir esto así amenazamos con abandonar definitivamente, cual ratas, el mundo literario en cuanto entreguemos el texto. Será el 20 de diciembre, según última renegociación con nuestra querida editorial.

domingo, 21 de octubre de 2007

Bowling for Columbine

Habrán Vds. indudablemente notado, estimados lectores, que los textos de Mondo Cane, amén de cada vez más espaciados en el tiempo, se suceden con un interés siempre decreciente. Y es que no les extrañe, amigos: el lunes esta su redacción tiene que entregar en una insigne editorial el primer borrador de su próximo manuscrito, esa obra maestra en potencia sobre el codornicismo más exaltado, y no damos para más. Nuestros cerebelos están licuados, nuestros miembros tiemblan y nuestras protuberancias genitales están al borde de la orquitis. El licenciado Ventoleras acaba de caer desplomado por los suelos, y Pirracas ha bajado a la farmacia de urgencias de la estación de Atocha a ver si el señor boticario le vende unos complejos vitamínicos, porque esto es un sinvivir.
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Y por si esto fuera poco, viendo aquello tan sensato que decía Larra, don Mariano José, de que escribir en España es llorar, el jueves comenzamos a dar clase en la Universidad. De Historia del Cine Americano. Con lo poco que nos gusta a nosotros la Universidad, con lo menos que nos gustan a nosotros los universitarios, y con lo poquito que nos interesa el cine americano. Pero a éstas nos vemos rebajados para llegar a fin de mes. A tratar con jóvenes con gafas de pasta. No somos nada.

jueves, 18 de octubre de 2007

Una vieja

En sus tan imparables como inútiles investigaciones, la redacción de Mondo Cane ha encontrado esta mañana este impagable texto anónimo publicado en 1951 por La Codorniz en pleno debate Neorrealismo vs. cine histórico. En él se parodian las habituales declaraciones de Manuel Mur Oti, el autoproclamado genio del cine español de los cincuenta. Por lo menos éste tenía razón; lo de todos los que nos han ido llegando después ya es otra historia.
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LA ÚLTIMA DE MIR ATI
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Para el que dude de que soy un genio, ahí está acabada de rodar -dice Mir Ati-. Se titula "Una vieja". La película tiene algo que no ha sido siquiera intentado por ningún director. El reparto consta de un solo personaje, mejor dicho, de una sola personaja: una vieja enferma de pulmonía. A pesar de eso el interés no decae un momento y el espectador está pendiente cada vez que la vieja se pone el termómetro. Al fin encuentra un poco de penicilina debajo de la cama y se salva. He superado a los italianos. Adiós".
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Posiblemente, la crónica más interesante y clarividente jamás publicada por la crítica cinematográfica española. Bueno, salvo Tiempo de mitos, claro. Adiós.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Estado policial

Bien saben nuestros lectores que las luces de nuestra redacción, al igual que las del despacho del Pardo en tiempos indudablemente mejores, nunca se apagan. Porque Mondo Cane vela sin descanso por todos los ciudadanos de este país, no lo duden. Y ello nos permite disfrutar, desde las alturas, de la ajetreada vida nocturna de la calle Amparo que acoge ésta su oficina.
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Ayer, tras el rezo de Completas, los miembros de Mondo Cane visionaban una fantástica copia en VHS de La niña de luto, esa joya del intangible cine impresionista que tanto nos hace carcajear cuando alguien nos habla de las excelencias de Marcel L'Herbier. Bueno, en realidad nadie nos ha hablado nunca de Marcel L'Herbier, pero valga el símil. Cuando de repente, encogidos ante la visión de ese desfile tras un carro fúnebre que se interrumpe con el paso de la carrera ciclista del pueblo, oimos unos gritos desgarradores que llegaban desde la noche. Una señorita de vaya Vd. a saber qué república bananera gritaba con fervor: "Polissssíaaaaaa... llamen a la polissssíaaaa...".

No pudimos hacerlo en primera instancia, claro, porque nuestra primera misión fue cazar al vuelo al licenciado Pirracas, que como eco de su paso por la Marina turca estaba ya bajando a la calle remangándose su camiseta de Twisted Sister para desfacer el entuerto a hostias. En efecto, asumió una vez calmado, lo mejor era llamar a las fuerzas del orden público. Y así lo hicimos.

Dos minutos de reloj tardamos en oir la llegada de la patrulla, que posiblemente no pisaba el barrio desde la memorable boda de doña Letizia y su novio. Y éstos sus redactores, cual demiurgos desde las alturas, observaron desde el balcón de Mondo Cane una escena con un único parangón posible: aquella vez que vimos en la aldea del agüelo cómo un zorro se colaba en el gallinero. En efecto, según las luces del coche de los grises se asomó por la esquina de la Ronda de Atocha, decenas, cientos, miles de personas de cualquier color imaginable salieron de la oscura noche amparesca y echaron a correr en todas direcciones. Dos segundos antes, les juramos que no se veía a nadie por la calle. ¿De dónde salían? Pues francamente no lo sabemos todavía, pero la estampida fue como ésas de los búfalos que se ven en las películas de vaqueros y, al paso de los cuerpos de seguridad, se montó una zapatiesta inenarrable. No pudimos evitar sentir una cierta aflicción, pero nos confortamos recordando aquella antológica frase de Fraga Iribarne: en caso de duda, siempre con el Ministro del Interior. No sabemos cómo terminaría el affaire de aquella señorita sudamericana que había iniciado este sindiós, pero sí les garantizamos que no bastaron tres coches policiales para la caterva de jipis y delincuentes multicromáticos que colapsaron las estancias policiales así, en menos de cinco minutos. Qué cosas.

Y en fin, resuelto el conflicto regresamos a nuestra sesión cuádruple de cine, que se cerraba un par de horas después con la visión de una de estas películas maravillosamente insoportables de Marco Ferreri, Dillinger é morto. Una cinta incomprendida, y no lo decimos por la crítica ni por el público, sino por Mondo Cane, que francamente no entendió nada de lo que allí pasaba, pero quedó fascinado ante la historia de ese burgués culto y refinado (Michel Piccoli, of course) que, sin decir una sola palabra, regresa a su casa, ojea sus libros, cocina, espía a la criada, lee el periódico y ve viejas películas en Súper-8 antes de, por puro aburrimiento, pegar un tiro a su mujer y huir en un barco en dirección a Tahití. Esa idea maravillosa de un hombre que engrasa una pistola para asesinar a su cónyuge con el mismo aceite con el que se ha hecho previamente una ensalada nos resultó arrebatadora. Y por si todo ello fuera poco, además se le ven las tetas a Anita Pallenberg.

Al terminar la proyección, el licenciado Ventoleras sugirió que todo aquello era en realidad una alegoría del angst del hombre contemporáneo. Y es que ya sabíamos que esto de haber ido a la Universidad no le iba a aportar nada bueno a este chico...