Clara Bow, en un día cualquiera.
Clara Bow, en un día cualquiera.
"La segunda experiencia resultó mucho más interesante, aunque estemos en desacuerdo con toda clase de experimentación que, como ésta, provoque daño a especies vivas. (...) Se eligieron grupos integrados por petunias, calabazas y caléndulas. El primero de ellos escuchó música clásica durante ocho semanas. Los resultados fueron sorprendentes. No sólo crecieron más de lo habitual, sino que desviaron sus tallos en dirección a los altavoces. Una de las calabazas llegó a enroscarse amorosamente alrededor del bafle, como si quisiera abrazarlo. Sin ninguna duda, estaban demostrando su sensibilidad ante Bach, Schubert, Brahms, etc. Por el contrario, el resultado obtenido con el segundo grupo, sometido al rock, fue calamitoso. Durante los primeros siete días, se les hizo escuchar material grabado con temas de Pink Floyd, Yes y otras bandas de rock sinfónico, sin obtener reacciones definidas. Para la segunda semana, se seleccionaron estilos de rock más duro. Varias horas diarias de Jimmy [sic] Hendrix y Led Zeppelin, mataron a las caléndulas al cado de diez días y enloquecieron a las petunias, las que, durante el primer período, crecieron desmesuradamente altas, desarrollando hojas excesivamente pequeñas. Las calabazas se mostraron más precavidas, intentando alejarse en dirección contraria a los altavoces".
"Lo que voy a confesar en este momento, nadie lo creerá y pensará que es ciencia y ficción: Cuando se termina el master de una grabación, esa matriz es llevada a una sala secreta a la que el público no puede tener acceso. Es colocada sobre un altar orientado hacia el norte, con un círculo dibujado en el suelo. Trece personas, especialmente seleccionadas, invocan al *Colban*. Imponen sus manos y llaman a los demonios, ordenando a sus *príncipes* para que aparezcan. Se realiza la invocación a *Rija*, príncipe del satanismo, para que ordene a los demonios para que vayan con cada disco o cassette hecho desde ese master. Este ritual se efectúa con cada disco de las grandes compañías; de ahí la propagación y el éxito mundial del rock (...). Esa música no es producida para hacer dinero, pues *ellos* no tienen necesidades económicas, ya que dominan muchos mercados: ¡son los dueños de todo el dinero!. *Ellos* lo producen para controlar la mente de las personas".
Y no, no nos referimos a ése de tan estilizada decoración folclórica en su fachada que era en tiempos sin duda mejores sede central del partido único (y que, en pleno giro lampedusiano, ha sido sustituida por el Blanquerna y hasta por la sede central de la EMI -there is no reason why-). Sino al de al lado, al del fascinante arquitecto Antonio Palacios, que ha sido siempre nuestro punto de referencia en el Foro, que acogió una entrañable cheka en los años de la revolución social -como no se cansa de recordar TeleMadrid cada vez que algún escritor de tendencias no ultramontanas presenta un libro en la sede- y que ahora acoge el punto cultural de mayor solera de este país. Pues allí que estamos. Trabajando, por decir algo.
Ya lo ven ustedes, amigos: partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria, como decía el otro. Pero la verdad, con lo que nos ha gustado siempre a nosotros hacer proselitismo entre las masas, no se nos ocurre ocupación mejor. Al menos de momento. Y otro día les contamos cómo dentro de poco Mondo Cane se va a casaputas a ver a este imparable señor que tan grandes momentos nos está dando últimamente.
"Los nacionalismos -incluido el español y en primer lugar- puede que expresen una ideología política, pero en realidad son un enigma sandunguero, una manía identitaria, un romanticismo badulaque, un sarpullido folclórico, un rebuzno en estadios de fútbol, una carroña sentimental que ni los cuervos más famélicos se comerían y primo hermano del patriotismo. ¡Pero hay que ver cuán apreciada es esta bazofia en los pesebres del pueblo!" .
Estimados lectores de Mondo Cane, huelga decirles que hemos compartido con todos ustedes esta misma mañana el refocilgue suscitado por la prensa diaria. Y no, no lo decimos por ese recuadrito de la esquina inferior derecha en la que Agustín Díaz-Yanes, uno de los pocos realizadores sensatos que nos quedan en este país, declara lo que todos sabemos, sino porque la cabecera del diario Público vuelve a demostrar que el nivel periodístico en este país desde la muerte de Ángel Fernández Santos quizás no ande muy boyante, pero el de los encargados de diseñar portadas sigue siendo galáctico. Ahí queda para la posteridad este remedo de viejos hitos de cuando la música popular todavía molaba (o tempora, o mores) que acaba de enmarcar el doctor Calcapeitos para colgar junto con otras piedras miliares del portadismo celtibérico que forman un auténtico hall of fame en las paredes de nuestra redacción. Desde aquella famosa del ABC en pleno inicio de la Semana Grande donostiarra en tiempos mucho más revueltos en la que, sobre una foto idílica de la playa de la Concha, figuraba el famoso "fiestas de San Sebastián, fiestas de España", hasta aquél de La Razón con un fotomontaje de dos famosos personajes folclóricos y el encabezado "Arzallus-Laden", este God save the Queen castizo y pinturero se ha situado muy cerquita de nuestra all time favourite: el de Raúl subido a un elefante que ilustró hace unos años la cabecera del Marca, periódico que cada día nos gusta más por contenidos y sobre todo portadas. Y decimos que muy cerquita porque todo esto nos pilla viehos y desde que nos leímos la biografía borbónica de Paul Preston nos hemos hecho monárquicos de toda la vida, que si no...
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¿Dónde ha estado la redacción de Mondo Cane este verano?, se pregunta la España de bien. Pues de conciertos, queridos amigos. Dónde íbamos a estar con estos calores.
Nuestro periplo comenzó pronto, pero bien pudo iniciarse antes. Porque allá por el ya lejano junio nos enteramos de que Tom Waits iba a actuar en nuestro poblacho, cosa que nos importaba más bien poco hasta que el dottor Pirracas, siempre a la última en tendencias musicales gracias a que a estas alturas sigue comprando el Heavy Rock, nos informó de que Scarlett Johansson había grabado un disco de covers del señor Waits. Y cuando vimos que las entradas del show salían a 200 eurodólares por barba, rápidamente hicimos la ecuación y supusimos que el abultado precio se debía a que el viejo llevaría consigo a la hinchadísima actriz para que ésta practicara al menos una fellatio a los asistentes. Con tal esperanza intentamos hacernos con unos billetes, pero cuando la señorita de la taquilla nos informó de que en el precio no se incluía práctica sexual alguna el licenciado Ventoleras espetó sabiamente una frase esquilmada a su señora madre -“a robar a Sierra Morena”- y decidimos dedicarnos a actividades más populares. Seguimos, eso sí, a distancia la tournée, y cuando en pensando en los dineros pagados por los gafipastas nos enteramos de que en el evento celebrado en Barcelona había habido problemas de sonido durante más de media hora supusimos lógicamente que aquello habría provocado una feliz reedición de la Semana Trágica de 1909. Pero no, amigos, para nuestra maravilla la gente incluso aplaudió, lo que nos dio nuevamente una pista de la flojera de espíritu insuflada a Catalunya en estos últimos años.
Nada de todo esto, evidentemente, sucedió en el capital concierto que ha cerrado nuestro periodo estival, el antológico que ofrecieron los Sex Pistols en la capital patatera. Antes habíamos visto, si no recordamos mal, a Franco Battiato nuevamente, y a Neil Young, y a Bob Dylan varias veces, e incluso tenemos un vago recuerdo de haber pasado unos muy agradables días en un festival playero lisboeta que estuvo así como muy bien. Pero de esto no les contamos mucho porque ya hemos dedicado a todos ellos páginas y páginas en momentos anteriores de Mondo Cane. Y decíamos que mientras Celtiberia se sumergía en esos conciertos de rock para señores mayores que iba dando el huracán Bruce Spín-Stín por la piel de toro, volvimos a hacer los bártulos y nos largamos a Patatoland para ver a Johnny Rotten enfrentándose a la rebelión de las masas.
Y se rebelaron, qué duda cabe, o al menos las más descerebradas. La que se montó en las campas de Mendizabala ya la hemos contado por algún lado, o sea que les remitimos a este bonito link donde pueden ustedes leer una apasionada crónica del antológico mogollón. Nuestra conclusión es la misma que ya teníamos antes del show: que el punk del 77 ha sido la única cosa medianamente inteligente que ha pasado en la historia de la cultura popular desde la edición de Blonde on blonde (sea hecha la salvedad de la publicación de Selfportrait, pero eso sería otra historia) pero que nadie se ha enterado de nada. Y esto de ver a varios miles de personas lo suficientemente irritadas porque Johnny hace un chistecillo local como para darle un hostión de cuidado demuestra que la gente, definitivamente, es muy paleta. Qué le vamos a hacer, Johnny: ya te decíamos que nadie se ha enterado de nada, y el único movimiento popular que parecía agitar un poco el conformismo del personal se ha convertido definitivamente en un reducto de cazurros. Horreur.
El largo y cálido verano. Mañana, eso sí, comienza una nueva etapa porque, como viene siendo habitual, Mondo Cane hace el petate y se va a pasar un par de semanas a DonostiaSanSebastián a ver cómo va ese festival celebrado en el incomparable marco incomparable. Que esperamos salga mejor que el cartel anunciador, que no entendemos por qué tamaño esfuerzo en hacerlo cada año más feo. ¿Guiño cómplica hacia la mafia rosa, cada vez más extendida por los callejones donostiarras? ¿Mensaje subliminal que confirma esa leyenda urbana de que nuestro prócer Odón Elorza va a poner por fin en marcha un festival de aizkolaris asesinos en la Plaza de la Constitución? Pues no lo sabemos, pero de momento nuestro balance es uno solo: el cartel de este año es más feo incluso que el del anterior, que ya de por sí daba un poco de tirria.
Pero estas frívolas consideraciones estéticas no deben llevarnos a equívocos: tra
s tantos años echando pestes por el cariz neo-oenegero-yonkichic que estaba adoptando la cosa, por fin nuestros estimados dirigentes festivaleros se han decidido a hacer un par de ciclos para gente a la que le gusta el cine. Esa misma siempre ausente de la cita donostiarra. La calidad del dedicado al cine negro japonés está fuera de toda duda ya que la ha pergeñado en la sombra nuestro siempre admirado amigo Carlos Aguilar; del centrado en la magna obra monicelliana mejor ni les hablamos porque va a ser arrollador. Y eso pese a que la redacción de Mondo Cane ha trabajado duramente en él, y como muestra quedan un par de capítulos salidos de nuestra siempre grácil pluma en el libro que acompañará a la retrospectiva. Que por cierto nos lo ha dado esta misma mañana nuestro editor y ha quedado muy bien, o sea que les animamos desde ya a comprarlo o, viendo que no nos llevamos un duro de derechos de autor, al menos a piratearlo en su biblioteca más cercana. No nos queda sino mantener bien altas las expectativas, sobre todo porque mientras el personal menos ilustrado se estará pegando de bofetadas para ver el nuevo horror de Woody Allen o la nueva flor ojetera de Kim-Ki-Duk, nosotros nos lo vamos a pasar chachi disfrutando de cintas capitales como Un borghese piccolo piccolo y L'armata Brancaleone en unas salas desiertas. Y tanto que nos alegramos.
Pero todo esto será mañana, cuando los miembros de Mondo Cane recojamos nuestras acreditaciones y volvamos a la rutina de quedarnos sobados en los cines e intentar arrimarnos a alguna destrozona gracias a esa fascinación inmediata que provoca en las intocadas señoritas donostiarras llevar algo colgado al cuello en fechas festivaleras. Hasta entonces, solo nos queda enmendar un error: hace unos meses, llevados por el fervor de ver nuestra gloriosa enseña nacional enfrentada a los hijos de Beria en una semifinal futbolera nos dejamos arrastrar por el ímpetu rojigualda y titulamos erróneamente uno de nuestros fascinantes textos con un "¡Que nos devuelvan el oro de Moscú!" que hoy en día nos causa inmenso bochorno. Cuando el otro día leímos en la prensa socialdemócrata que el gobierno ruso había decidido por decreto ley establecer en los manuales escolares que Stalin "fue el más exitoso gobernante ruso del siglo XX" y que sus asesinatos masivos fueron "medidas necesarias, aunque excesivas, para mantener la disciplina" comprendimos cómo tanta propaganda antisoviética promovida por Rafael Arias Salgado había terminado laxando nuestras neuronas e, intentando enmendar nuestra injusta valoración hacia nuestros hermanos caucásicos, pusimos rápidamente un telegrama al Komintern solicitando nuestras más sinceras disculpas al mismo tiempo que recomendábamos fervientemente a los servidores del proletariado la retirada de la extemporánea consideración "aunque excesivas" del libro infantil. Dicho esto, y como tan sabiamente enunció nuestro admirado Iósif, "en el ejército ruso hace falta más valor para retirarse que para avanzar", por lo que estos mujiks se van a bandearse con las hordas cántabras. Ciao bambinos.
"¿Pero cómo me va a gustar una mujer por culta? No, vamos, atraerme, es que no... me parece como inverosímil. Me puede gustar por culta... para maestra. Claro, pues que venga de 6 a 7, y cuánto cobra, y que me enseñe Filosofía Medieval o algo así, pero..."